|
El
fracaso del paraíso
fraternal
Armando P. Ribas, agosto 2004.
Al momento de
escribirse estas líneas, estamos a pocas horas del plebiscito
que finalmente tendrá lugar en Venezuela para decidir si Chávez
se queda o se va. Parece como si en esta decisión se
realizaría en sí mismo el sueño de la
democracia. O sea ese Nirvana del pueblo y Olimpo de los
políticos como los denominara recientemente. Así hemos olvidado
las sabias palabras de Lord Acton al respecto cuando dijera: "Lo
que el esclavo es en manos de su amo, el ciudadano es en las manos de
la comunidad". Porque hemos pasado de la mística del derecho
divino de los reyes, al derecho divino de los pueblos. El
resultado es el poder ilimitado basado en la ficción
que lo divino significa la ética por antonomasia. Y
volviendo a Lord Acton: "El poder ilimitado corroe la conciencia,
endurece el corazón y confunde el entendimiento".
La historia de la democracia en el mundo
empezó mal con la cicuta a Sócrates. Pero el
problema moderno de la misma fue evidente en Europa, y los fracasos
recurrentes en América Latina en la década del noventa
debieran dar que pensar.
O pensamos que somos
unos adoquines, o que por el contrario hay algún
error profundo en nuestros conceptos de democracia que produce de hecho
el fracaso que padecemos.
La realidad es que la ciencia política que
desarrolló los principios de la República, basados en el
denominado rule of law, ha sido ajena a nuestra cultura
política. Ésta, salvo excepción de Argentina entre
1853 y principios de siglo, ha sido ignorada en
función de los principios generales de la Revolución
Francesa. Como bien señalara Luis Alberto de Herrera en su obra La Revolución Francesa y
Sudamérica, publicada en 1910: "Nuestro criterio
político se resiente de la reproducción íntegra
del malsano sofisma francés. Bajo su errado consejo entendimos a
la igualdad en su más extendido concepto, aplicando a la
definición de la libertad cívica idéntico criterio
disolvente. Por esas vistosas avenidas, estábamos ciertos de
alcanzar el mundo idílico de la fraternidad". Estas sabias
palabras podrían repetirse con igual validez a partir del
retorno de la democracia en el continente en la década del
ochenta. Hoy, el fracaso de las mismas en lograr ese paraíso
fraternal es la prueba irrefutable de la validez de aquellas palabras.
LA SUBLIMACION DEL SUFRAGIO
A partir de la sublimación del sufragio universal, hemos
ignorado la legitimidad del gobierno en la República, que es el
concepto aceptado por la Constitución de 1853-60 y no se agota
en este instrumento. Ya Alberdi nos había advertido del peligro
de que la libertad política, entendiendo por tal el derecho al
sufragio, nos hiciera ignorar los derechos civiles. O sea que fueran
las leyes, las que violaran los derechos reconocidos por la
Constitución: Y así dijo: "La peor inseguridad para las
personas es la que nace del vicio de las leyes y de la arbitrariedad de
los magistrados".
La esencia de la República y por consiguiente la viabilidad de
la misma reside en el rol fundamental del Poder Judicial como garante
de los derechos individuales, que por esa misma razón no pueden
ser violados por las mayorías.
Estos criterios desconocidos en nuestras latitudes son los que
explican, sin lugar a dudas, el éxito de la democracia
estadounidense en contraste con los fracasos nuestros. Y debo decir que
esta realidad se extiende también al mundo europeo con sus
pretensiones de virtud política, que ignora su propia historia,
donde igualmente, tal como dijera Lord Acton: "La pasión por la
igualdad hizo vana la esperanza de la libertad". No olvidemos que tanto
Hitler como Mussolini eran populares, o sea, en términos del
sufragio universal, habrían sido legítimos. Hoy la
izquierda parece haber logrado que todo el que se opone a sus proyectos
populistas, demagógicos y que finalmente desembocan en las
tiranías son producto de la derecha fascista o más aun
del imperialismo americano.
Al respecto nos decía igualmente Herrera en la obra citada:
""Los dogmas
inflexibles de la Revolución Francesa mandaban estrellarse
contra la realidad. En su nombre y por su orden todas las sociedades
sudamericanas han caído y siguen cayendo en la mentira
institucional que concluye en la guerra civil"".
Ese fue el mismo fracaso que desató la Guerra Civil en
España que culminara con la Segunda Guerra Mundial en la que
Estados Unidos por segunda vez en el siglo salvaba a Europa de los
europeos y al mundo del nazismo y el comunismo.
MUCHO QUE DESEAR
Pero esa observación es tanto más relevante ante el
espectáculo que ofrece la situación que enfrenta
Venezuela. Desde mi punto de vista, ambos resultados del plebiscito,
que tendrá lugar este domingo, dejan mucho que desear para la
estabilidad institucional de aquel país.
Supongamos que gana Chávez, aun sin que haya fraude, algo que
tampoco puede darse por sentado. ¿Acaso el triunfo en ese
plebiscito le da la legitimidad que pretende al son de las palabras del
Libertador? Quizás vale la pena recordar algunas de ellas en su
discurso ante el Congreso de Angostura donde dijo: "La libertad
indefinida, la democracia
absoluta, son los escollos a donde han sido a estrellarse todas las
esperanzas republicanas"; y más: "Todo no se debe dejar al acaso
y a la ventura en las elecciones; el pueblo se engaña más
fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte."
Entonces, ¿a dónde llevaría a Venezuela un triunfo
de Chávez, cuya amistad con Castro indica claramente cual es su
alineamiento ideológico? Es indudable que la popularidad de
Chávez se basa por una parte en el clientelismo político
que dispone en estos momentos de un barril de petróleo de U$S
44. Nosotros, que carecemos de ese recurso natural, el propio sistema,
llamado institucional, determina la posibilidad del clientelismo
político que fue medido recientemente por la Fundación
Atlas. Al mismo tiempo, Chávez usa el antiamericanismo como la
legitimación de su derecho a gobernar un país al cual, a
pesar del petróleo, le hizo caer su economía en
más de un 20%. Es decir, la esencia de su triunfo sería
el pan dulce y Braden o Perón, como escribiera anteriormente en
este diario.
Y ¿a dónde va un continente en el cual un aprendiz de
Fidel Castro se apodera del poder legitimado por las urnas, conforme a
nuestro criterio de sublimación del sufragio universal? Todo
parece indicar que Chávez ha colaborado con las guerrillas
colombianas a las cuales el principio de la igualdad, contenido en el
concepto falaz de los derechos humanos, le da igualmente legitimidad.
La destrucción de la economía cubana por 45 años
de dictadura comunista no parece influenciar positivamente a nuestros
pueblos en el sentido de la libertad, o sea de la defensa y respeto de
los derechos individuales como única legitimidad al gobierno.
Y libertad es precisamente la limitación del poder
político, que dado un triunfo de Chávez estaría
incrementado por la legitimidad que le otorgarían los votos.
Por otra parte, supuesto un triunfo de la oposición,
¿cuál sería su significado? Si bien no conozco en
profundidad el procedimiento legal a seguir, más allá de
que el propio Chávez sería nuevamente candidato, hay
algunos datos realmente alarmantes. El primero es que la
oposición está en sus proyectos políticos tan
dividida como en su oposición a Chávez. O sea que aun con
un triunfo de la oposición, no garantizaría un rumbo
definido de la República por sobre la opresión de las
mayorías, como diría Madison. Más aun, en el caso
de una futura elección ante una oposición dividida, el
triunfo de Chávez sería seguro.
MUY CERCA
En fin, Venezuela está más cerca de lo que muestra la
geografía que hoy es superada por las comunicaciones y los
transportes. No perdamos de vista, pues, que la situación de
Venezuela, cualquiera que fuese el resultado del plebiscito,
tendría sus implicaciones continentales, y nosotros
también estamos en el continente, por más que nos
peleemos con el FMI. Creo que ya el presidente Kirchner ha mostrado su
predilección por Chávez y qué significa esa
realidad aun cuando el Embajador de Estados Unidos diga que apoya a la
Argentina en sus negociaciones con el FMI (sin estar en contra del
FMI). Todo parece confuso, por los menos para mí.
Para terminar, perdónenme por otra cita a Herrera, que parece
que viviera: "Mientras se aclaman las mayores temeridades igualitarias
y se reniega de preciosas y saludables diferencias de clases, se crea
un odiosísimo cisma de castas arbitrarias; la casta de las
oligarquías adueñadas del poder contra la voluntad
popular y la casta de los ciudadanos privados del poder".
|