Alan Lavagna, el hijo pródigo

Por Armando Ribas


Supongo que todos conocemos la parábola del hijo pródigo, cuya conclusión es que habría mas fiestas en el cielo por una oveja que vuelve al redil que por .cientos que siempre estuvieron. Esta parábola siempre me resulto casi inmoral, pues implica reconocer con mayor valor al pecador arrepentido que al justo en términos de la bienaventuranza eterna, pero parecería que en nuestro mundo, único que mientras vivimos conocemos, ocurre algo similar, particularmente en la política, y más aun en el orden ideológico.


Tenemos así grandes pensadores del liberalismo tales como Friedrick Bonhayek y Karl Popper, que comenzaron su vida intelectual desde el socialismo. Popper en su autobiografía escribió: ¨Luché por la igualdad hasta que me convencí que en la búsqueda de la igualdad se perdía la libertad, y después no había igualdad entre los no libres¨ (SIC). Pero es un caso realmente recurrente en el que se cumple el doctum de Berner Shaw: ¨El que no es de izquierda a los veinte años no tiene corazón, y el que lo sigue siendo después de los treinta no tiene cerebro¨. El mundo parecería sumido en esa simbiosis viceral de mucho corazón y poco cerebro, pero la realidad es que no podemos juzgar al cerebro nada más que cuando conocemos los verdaderos motivos del corazón.


El éxito político indubitable de la izquierda o sea del socialismo, probaría que el corazón se encuentra más cerca del cerebro que del amor, y el cerebro se usa precisamente como decía David Hume para satisfacer los objetivos del corazón. Podría decir, no obstante, que la conversión a la que les he hecho referencia siempre va del socialismo al liberalismo y no viceversa. Tal como en el caso del Tennis y el Golf. No conozco golfistas que se hayan convertido en numinarias del tennis.


Pero el análisis de esta problemática resulta mas complejo, pues el léxico político sigue siendo un galimatías cuyo significados válidos parecen los jeroglíficos egipcios. No pretendo el rol de Champoleon del tercer milenio pero creo que vale la pena intentarlo una vez más pues la izquierda se ha apoderado de la ética y ha hecho, como dijera Thomas Sowrll, ¨political Cleansing¨, limpieza política: el que no acepta sus postulados es decididamente inmoral y nazi, olvidando por supuesto las raíces socialistas, del nacional socialismo.


En ese mundo virtual creado por la izquierda en el cual la derecha es por definición nazi fascista porque defiende los derechos individuales, la lucha política parece ahora desenvolverse entre la izquierda revolucionaria (Castro Chavez) y la izquierda moderada. Como escribí hace algún tiempo la izquierda moderada, que protege los derechos individuales y particularmente el de propiedad, no es socialista, es liberal. Pero es indudable que el miedo, ese gran determinante de nuestras conductas, ha permitido que se acepte la dicotomía anterior como una sana disyuntiva. Así la izquierda moderada, o sea Bernstein triunfa sobre Adam Smith y Hume, y aparece como la única alternativa a la revolución en el continente y, por qué no decirlo, igualmente en esa cuna del totalitarismo que es Europa continental con Francia y Alemania a la cabeza.


Consecuentemente, casi como por arte de magia, apareció la oposición que habría brillado por su ausencia desde el arribo de los nazis al gobierno. El Sr. Alan Lavagna ex controlador de precios de Alfonsin y ministro de Duhalde, que contribuyera con su participación como ministro potencial al triunfo de Kirchner en el 2003, de repente en el invierno aparece como la versión vernácula de Alan Garcia en el Perú.


Es evidente que el miedo reapareció en Argentina a través de los monto-nazis tanto como en el Perú apareció con el nacio-indigerismo de Oyanta Humala, entonces Lavagna se declara progresista de centro para criticar a la izquierda de Kirchner. Claro en argentina hace mucho tiempo que defender los derechos constitucionales es ser de derecha y consecuentemente nazi-fascista: estás a favor de los ricos y contra el pueblo y, por supuesto, eres un materialista y egoísta que desconoce la generosidad y el desinterés de la izquierda.


Así, Alan Lavagna acusa a Kirchner de girar a la izquierda, y defiende las instituciones y los derechos en su entrevista con el Financial Times. Más aún, dice: que la inflación se combate con política fiscal y monetaria y no con controles de precios (cosas Veredes Sancho). Hasta se preocupa por la declinación del superávit fiscal: diría que casi habla como los muchachos de Chicago y el demoníaco FMI.


También señala la necesidad de incentivar la inversión privada, en tanto que la inversión estatal debe limitarse a la educación, la salud y la seguridad. No menos importante, critica el acercamiento a Hugo Chávez que por supuesto es un acercamiento a la Habana y consiguientemente un enfrentamiento con Estados Unidos por más que el embajador americano hasta la fecha haya hecho la vista gorda.


Bienvenido un hijo pródigo, por más que sus padrinos Duhalde y Alfonsín, promotores del golpe de estado "democrático" al presidente de la Rua no ofrezcan demasiadas garantías al estado de derecho. Estas políticas, por más que Alan Lavagna las denomine progresistas de centro, en lo que hace a la izquierda son derecha y, por supuesto, están sometidas al imperialismo.


Es imprescindible que se comprenda que el denominado sistema capitalista no es un sistema económico sino una concepción antropológica ética y política, los principios en los que se sustenta son a) la inmutabilidad de la naturaleza humana, b) la falibilidad moral y racional del hombre c) la compatibilidad ética entre los intereses particulares y los intereses generales d) la aceptación de que el Estado no es una entelequia y que está igualmente formado por hombres falibles, por tanto la libertad requiere de la limitación del poder político a través de la separación de los poderes; e) el rol del gobierno es la protección de los derechos individuales a la vida, a la propiedad, y a la búsqueda de la propia felicidad. En ellos consiste la seguridad jurídica que reconoce la constitución argentina de 1853-60 y cuyo cumplimiento determinó lo que denominé un milagro de la historia. Esperemos que ya que Lavagna aparece hoy como la oposición, que haya tomado conciencia de los principios enumerados más arriba, y podamos detener la decadencia Argentina.