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El FMI es uno
de los grandes culpables
del triunfo
cultural de la izquierda.
Todos los ajustes que ha exigido el Fondo Monetario se concentran en el
aumento de impuestos. La experiencia indica que aquellos que han sido
""salvados"" por sus programas de rescate financiero se estancan, o
bien
colapsan.
Armando P. Ribas, agosto 2004.
Tal como dijera Russ
Linbaugh, la izquierda ha logrado hacer limpieza política
(political cleansing) y el léxico ha sido definido y calificado
por ella. Hoy, imperialismo es todo lo que hacen los Estados Unidos
así como el liberalismo es el fascismo. En ese mundo
etéreo de la izquierda próxima al superhombre, los nuevos
Zaratustras califican y descalifican a piacere y se adueñan de
la ética en su camino al poder absoluto. Los pobres, la pobreza
y la igualdad son los elementos liminares de esta cruzada antiliberal
que abruma a la humanidad desde tiempo inmemorial.
Durante mucho tiempo
entre las Cruzadas y el Santo Oficio monopolizaron la virtud en nombre
de Dios y de la fe. El fuego era el instrumento para quemar a los
herejes en la tierra para evitar el ser quemados en el infierno. Con el
advenimiento de la Revolución Francesa, la razón
tomó el lugar de la deidad y los Comités de Salud
Pública sustituyeron el fuego por la guillotina en nombre de la
libertad.
En la actualidad, la
Yijad rememora a las Cruzadas en busca de los herejes del imperialismo,
y el terrorismo se hace más destructivo gracias a los logros de
la razón que crea los instrumentos, mientras queda ausente de
las mentes de los nuevos cruzados. Al mismo tiempo, los bolcheviques,
que prevalecen después de la caída del muro de
Berlín, practican el terror antiimperialista con el mismo
tesón y vesanía en nombre de la razón en la
historia. El mundo, pues, se encuentra amenazado ya fuere de pasar a la
eternidad o de alcanzar el fin de la historia, armas nucleares
mediante, en nombre de la fe y de la razón.
Pero más
allá de los instrumentos de destrucción masiva, la lucha
política en una gran parte de los países de Occidente
(incluimos a América Latina, mal que le pese al Sr. Huntington)
se desarrolla igualmente en nombre de la ética. O sea la virtud
frente a los intereses.
LA NUEVA ARISTOCRACIA
En nombre de la
democracia se crea una nueva aristocracia, que son los
representantes de las mayorías y a la que ya tiempo atrás
Milovan Djilas denominó la nueva clase. Sostuvo que
"administraba los bienes ajenos como propios y los gastaba como
ajenos". En ese proceso, hecho en virtud del amor a Dios y a los
pobres, se crean más pobres, mientras la nueva clase hoy,
cubierta bajo el manto sagrado de la democracia, rescata todos los
principios de Marx. Este es el mundo que nos ha tocado vivir, que como
bien dijera Karl Popper no es el mejor de los mundos posibles, pero
indudablemente es el mejor que se haya conocido. Aparece entonces la
sombra de la igualdad como el prevalecimiento de la virtud frente al
interés y la generosidad sobre el egoísmo. El pretendido
hombre nuevo se aposenta en instituciones democráticas y
cualquier crítica a su gestión es descalificada por
antidemocrática. O sea, en el léxico de la siniestra,
apoderada de la res publica que convierte en cosa nostra, se es
imperialista, fascista y/o contrarrevolucionario. Provista de esas
antiparras siniestras, en América Latina se percibe al
imperialismo americano y la democracia cubana. Pero lo más
lamentable es que a esa percepción contribuye de manera
manifiesta una institución internacional creada en Bretton Woods
hace 50 años: el Fondo Monetario Internacional.
La función
primordial de este organismo era la liberalización del comercio
internacional (liberación de los movimientos de capitales, Art.
VIII) y la estabilidad monetaria a fin de evitar las devaluaciones
competitivas.
EL REMEDIO
Como se sabe, la
crisis de la década de 1930 significó que en Estados
Unidos el PBI cayera un 50% y el comercio internacional con Europa se
redujo en una proporción similar. La consecuencia fue la crisis
más profunda que sufriera la economía mundial y la
imposibilidad de que se pagara la deuda externa de los países
europeos y mucho menos las reparaciones de guerra impuestas a Alemania
en Versailles. Según la interpretación, a mi juicio
correcta, de Milton Friedman, una de las causas determinantes de la
crisis fue la restricción monetaria decretada por la Reserva
Federal que provocó la quiebra de 10.000 bancos. Al mismo tiempo
la Smoot Hawley Act de 1930, por la cual el presidente Hoover
elevó las tarifas arancelarias, determinó asimismo la
caída del comercio internacional. Esta medida provocó el
comentario siguiente del economista Seligman, refiriéndose a la
deuda europea: "Si tuvieran la solvencia para pagar,
¿tendríamos la capacidad de cobrar?".
El objetivo de
Bretton Woods a través del FMI y tal como lo señalan los
propósitos de la creación del mismo era precisamente
mantener los tipos de cambio estables, la cooperación monetaria
internacional, facilitar el crecimiento del comercio internacional,
liberalizar los movimientos de capitales y finalmente usar los recursos
del Fondo para financiar la corrección de los desajustes en el
balance de pagos. Desde todo punto de vista, estos objetivos no
podían ser menos que laudables, en vista de la experiencia
sufrida durante la gran depresión.
Lamentablemente, con
el tiempo, los principios en que se fundara el análisis
macroeconómico, basado en un criterio monetarista, quedó
superado por las circunstancias. En su famoso modelo, Polak
había sostenido que los problemas de pagos -llamémosle
exceso de deuda- sólo se producían si se expandía
el denominado crédito doméstico del Banco Central. Por el
contrario, si el incremento de los gastos del Estado se financiaba con
impuestos o con deuda externa no surgirían problemas de pago. En
el momento en que Polak hablaba, el gasto público en Estados
Unidos había alcanzado aproximadamente un 10% del PBI. La
situación fue muy otra cuando el triunfo de la socialdemocracia
en Europa, y del populismo en América Latina provocaron un
incremento en el gasto público que sobrepasó ampliamente
las posibilidades de la productividad en los respectivos países.
Así lo entendió George Gilder, que especificó que
el gasto público es un factor de producción y no parte
del producto. Por tanto, cuando éste aumenta, en términos
reales se revalúa la moneda y se pierde competitividad.
Ahí está la razón por la cual en 1972 Nixon se vio
obligado a romper el denominado patrón de cambio oro (en la
práctica patrón dólar) y comenzó el mundo
de los denominados tipos de cambio flotantes. Es decir, el FMI
perdió uno de sus objetivos fundamentales que era la estabilidad
de tipos de cambio.
CRASA IGNORANCIA
El problema fue que
la receta del FMI ignoró el nivel del gasto público en
función del déficit fiscal. Consecuentemente, todo el
ajuste se basó en el aumento de los impuestos, con lo que se
provocó lo que no había sido previsto por Polak: que era
posible no tener déficit en el presupuesto y que se produjera
una crisis de balance de pagos y, en última instancia, una
crisis financiera y un descalabro económico.
En un reciente
trabajo de Ana Airas, de la Heritage Foundation, se muestra que los
países salvados por el FMI son los que no han crecido. Ahora
bien, el resultado manifiesto de estas políticas, que alguna vez
en la época de Martínez de Hoz denominé
monetarismo cum estatismo, son las que han provocado las crisis
recurrentes que se padecieron en el mundo en la década del "90 y
particularmente la debacle argentina, multiplicada por la estupidez de
la pesificación asimétrica. La izquierda nuevamente
monopolizadora del léxico político ha calificado esas
políticas como neoliberalismo y así en Argentina se ha
demonizado con éxito a Menem.
SI LENIN VIVIERA
Pero peor
aún, si Lenin viviese, le habría escrito un addendum a su
Imperialismo, etapa superior del Capitalismo, que denominaría:
"El FMI, el brazo armado del Imperialismo". Así, una vez
más, los Estados Unidos aparecen en el rol preferido por la
izquierda, que es el coloso del imperialismo representado por los
funcionarios del FMI, ahora en manos de la señora Krueger.
Es sabido que ya hasta el FMI parece haberse dado cuenta de su
responsabilidad, al menos en el caso argentino. Algo es algo. Pero lo
importante sería que se dieran cuenta de que la culpa no le cabe
a los funcionarios de turno, sino al esquema analítico que
ignora el impacto deletéreo y desequilibrante del aumento del
gasto público vis a vis una política monetaria
restrictiva y un tipo de cambio nominal fijo.
Creo, entonces, que sería más que conveniente que Estados
Unidos se decidiera a iluminar al mundo respecto a esa incongruencia,
que ha sido la causante de que el fracaso de las democracias
latinoamericanas se le haya pedido endilgar al denominado
neoliberalismo. Si Estados Unidos usa su influencia en el FM, debe de
ser para cambiar los presupuestos de dicha política y no para
que se sigan financiando programas inviables. El determinante de las
crisis es el incremento del gasto y éste no se puede compensar
con la fijación del tipo de cambio.
Comprender y aceptar esa realidad es imprescindible no sólo para
revertir los fracasos democráticos, sino para que la izquierda
no pueda usar al antiimperialismo en su proyecto de cubanizar al
continente.
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