INTRODUCCIÓN

Armando Ribas y la Fundación Hayek


LOS CONDICIONAMIENTOS ÉTICOS DE LA LIBERTAD



INTRODUCCIÓN


I. Los Condicionamientos éticos de la Civilización

II. Los Universales y la Libertad

III. El Relativismo Histórico y la Ética

IV. La Moral en el Devenir Histórico de Occidente

V La Civilización Occidental, Grecia y el Cristianismo

VI La Civilización Occidental y la Filosofía Occidental

VII Valores Relativos

a) China

b) India

c) El Islam y Occidente

VIII Locke, Hume y Adam Smith

  1. John Locke

  2. David Hume

  3. Adam Smith

IX Popper y la Sociedad Abierta

a) Heraclito, Platón y Aristóteles

b) Kant

c) Hegel

d) Marx

X. Hayek y la Civilización Occidental

XI. El Derecho Romano y el Rule of Law

XII Cultura Ideas y Creencias

a) Cultura

b) Costumbres y Libertad

c) Las Creencias

XIII. Los fundamentos de la Moral Totalitaria

XIV. Civilización y Barbarie Ilustrada

a) Civilización

  1. La Moral del Desastre

c) Ética, Moral y Justicia

XV. El Realismo Mágico Latinoamericano y la Fantasía de la Tempestad.

a) Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario

b) Ariel

c) Ni Ariel ni Calibán

d) Próspero vs. Calibán

e) Próspero y el Capitalismo

f) Próspero y Calibán según Bloom

XVI. Colonialismo e Imperialismo

a) El Colonialismo y sus Diferencias

b) Del Colonialismo al Imperialismo

c) Fanon y su Concepto de Colonialismo

XVII. El Punto de Inflexión




INTRODUCCIÓN


Toda la historia de la humanidad ha sido dramática o más bien trágica. La guerra fue siempre la razón de ser de los estados. En ese mundo la ignorancia y la falta de información era el carácter de la humanidad. Solo los pueblos desde el pasado, el mundo que nos ha tocado vivir sólo pudo concebirse como una utopía, por más que nosotros lo miremos desde un romanticismo idílico. Esa visión es la misma que nos impide comprender la realidad del momento, y en consecuencia nos encontramos ante un antagonismo histórico. Fue ese mismo antagonismo, el que haciendo de la guerra el lei motiv de la historia impidió por milenios el avance político científico y social que hoy disfrutamos, por más que lo tomamos por dado y casi lo despreciamos.

Ese antagonismo permanente, mal que nos pese en gran medida responde a que los prejuicios históricos impiden reconocer las posibilidades de la ciencia y la tecnología para librar a la humanidad de la pandemia bélica padecida. Así las comunicaciones abren posibilidades inéditas, en tanto y en cuanto un replanteo histórico no permita liberarnos de los prejuicios existentes y que son determinantes de los antagonismos presentes.

La humanidad se encuentra hoy ante una alternativa inédita. La destrucción total o la superación de la guerra que nos llevaría al holocausto final. Por más que existe el peligro nuclear, ha sido éste el que impidiera la Tercera Guerra Mundial. Permítaseme recordar que fue Alberdi quien reconoció que las guerras disminuirían en la medida que los que las declaran corrieran el mismo peligro que los que las peleaban.

Lamentablemente dos libros recientes han venido a confundir al mundo más de lo que estaba. El primero fue: “El fin de la historia” de Francis Fukuyama, y el segundo “El Enfrentamiento de las Civilizaciones” de Samuel Huntington,. Conforme al primero la historia habría terminado como consecuencia de la caída del Muro de Berlín, que habría determinado el triunfo definitivo de la democracia liberal y el fin de los antagonismos. El segundo por el contrario se hace eco de un nuevo antagonismo entre la razón y la fe. O sea entre Occidente Iluminista y el Islam Obscurantista.

Sin entrar en los pormenores de estos dos enfoques antitéticos, es imprescindible una revisión histórica para mostrar que el antagonismo en Occidente a partir de la Revolución Francesa se debió a la razón y no a la religión. Si bien es verdad y no se puede negar la peligrosidad del terrorismo islámico, no es menos cierto que la ETA, IRA, las FARC, los Montoneros y otros terroristas europeos hoy aparentemente desaparecidos no eran ni son musulmanes. Por tanto insisto las armas nucleares nos dan la oportunidad de un diálogo, en la medida que la revisión histórica permita reconocer que no existe un monopolio de la virtud histórica en ninguna parte del globo Terráqueo.

La realidad de los antagonismos existentes no reside ni entre las distintas fes religiosas per se, ni entre la fe y la razón, por más que éstas aparezcan así planteadas. Decía Tito Livio: que las sociedades tenían el derecho de hacer una leyenda de su historia para aparecer sus orígenes superiores y que el no los iba a discutir. Pues bien hoy es imprescindible superar las leyendas respectivas, entre las cuales no es de menor importancia la europea, para poder iniciar un diálogo desde una perspectiva realista, que muestre los intereses de supervivencia que nos son comunes. ES necesario entonces aprovechar las comunicaciones no solo para trasmitir información, sino para comprender las ideas éticas y políticas que a través del reconocimiento de la naturaleza humana cambiaron al mundo. Que se comprenda que la génesis de la superación de la pobreza se encuentra en el respeto de los derechos individuales, y que la libertad depende de la imitación del poder político en la conciencia de la falibilidad moral y racional del hombre.






I. LOS CONDICIONAMIENTOS ÉTICOS DE LA CIVILIZACIÓN


El objeto del presente trabajo es hacer un análisis histórico ético de los determinantes de la evolución del mundo hasta nuestros días. El criterio a seguir es que la pretensión ética por antonomasia de la denominada Civilización occidental no se condice con la histórica. En un hecho incontrovertible que tanto la China como el Islam llegaron al siglo XV con culturas más adelantadas que Europa. Y he usado cultura y no civilización pues a través de nuestra investigación utilizamos este último vocablo como un estadio superior alcanzado por ciertas culturas. O sea civilizaciones es más un adjetivo calificativo que un sustantivo como seria el caso de la cultura.

Nuestra investigación a su vez pretende dar respuesta a un hecho histórico tal cual es la evidente diferencia de la sociedad, llamémosle contemporánea con sus antecesores. No fue otro que Karl Marx quien reconociese este hecho trascendente, y así en el Manifiesto Comunista publicado en 1848 dice: “La burguesía durante su reinado de escasamente cien años ha creado más masivas y colosales fuerzas productivas que todas las generaciones anteriores juntas”. No obstante este reconocimiento objetivo, descalificó ese mismo proceso éticamente al definirlo como el resultado de la explotación y el alienamiento del trabajador.

Al respecto de nuestro trabajo lo importante fue su reconocimiento del cambio histórico que se había producido, por más que el no se enterara de la razón del mismo y que es nuestro propósito el encontrar sus determinantes. Y podemos decir que el mismo se debió a un cambio decisivo en las concepciones éticas que habían prevalecido a través de la historia en todas las culturas incluida la europea.

Como corroboración estadística de este hecho, está el análisis realizado por Simon Kuznets, en su “Modern Economic Growth” (Crecimiento Económico Moderno): publicado en 1965. El criterio seguido es el de proyectar hacia el pasado el crecimiento económico moderno (hasta 1965). Entonces concluye que una tasa de crecimiento per capita de un 15% por década (1,01407 anual), durante trescientos años significaría que el ingreso per capita se habría multiplicado 66 veces. Esto significa que proyectado hacia atrás, en los años de la década de 1660, el ingreso per capita habría sido 1/66avo del presente. Y entonces concluye: “Pero un ingreso per capita aun de 1/20 avo del nivel presente (1965) no podría haber sostenido la población ni siquiera de los países más desarrollados; y las supuestas tasas de crecimiento en el producto per capita no se podrían haber mantenido en la mayoría de los países por mas de doscientos años”.

Podemos decir entonces que el crecimiento económico comenzó a lo sumo en los albores del siglo XVIII, y esta conclusión coincide aproximadamente con la observación citada de Marx que como se dijo fue hecha en 1848. La misma coincide igualmente en el proceso de crecimiento iniciado en Inglaterra a partir de 1688 y que David Hume reconociera en su Historia de Inglaterra publicada en 1778. Al respecto dijo que si Inglaterra, que en esa época era el país mas desarrollado del mundo, hubiera seguido como durante la época de Isabel I, sería tan pobre como la Costa de Bavaria. (SIC).

Si concluimos entonces que el crecimiento económico sólo comenzó hace unos 250 años, respecto a nuestra era, la incógnita revelante es: “que fue lo que ocurrió a partir de aquella época para que se produjera el fenómeno inusitado del crecimiento, desconocido con anterioridad. Antes de contestar esta pregunta que es el propósito de esta investigación, es evidente que la pretendida respuesta de que es el producto de la Civilización Occidental, basada en la confluencia de la filosofía griega y la religión Judeo cristiana es evidentemente falsa.

Como se sabe la filosofía griega parte del siglo V antes de Cristo y el cristianismo en sus diversos vertientes tiene 2000 años de historia. Por tanto esa confluencia no puede explicar el punto de inflexión en la historia que registrara la humanidad hace menos de trescientos años. Tampoco la puede explicar el desarrollo de la tecnología como un hecho en sí mismo, por pues queda la pregunta pendiente, ¿Qué fue lo que determinó el cambio tecnológico? Por esa misma razón y como bien explica Lord Acton la llamada Revolución Industrial, fue el producto de una revolución filosófica que ocurrió en Inglaterra a partir de la Revolución Gloriosa de 1688.


II. LOS UNIVERSALES Y LA LIBERTAD


Es realmente sorprendente que un tema trascendente tal cual es la conceptualización de los universales haya sido totalmente ignorado y diría siquiera incomprendido por la mayoría. La política, lamentablemente atrapada primero en la falsa alternativa izquierda y derecha parece no haber tenido conciencia de la problemática que plantea la definición de los universales. Seguidamente a partir de esa ignorancia, la palabra democracia más que una forma de gobierno ha sido convertida en un adjetivo sinónimo de virtud política.

El mundo vive hoy políticamente confuso, pues los vocablos políticos apenas alcanzan a describir realidades, y esa confusión se encuentra en la falacia de la ¨ globalización ¨ que si fuera tal, en el sentido que se la describe, no habría explicación para el terrorismo religioso y racional que aún pervive. Que le pregunten a los colombianos si existe o no, ya que difícilmente se encuentra entre los FARC o el LMN algún musulmán.

La confusión llega a mi amigo Mario Vargas Llosas quien en una entrevista reciente señaló que en algunos casos el era de izquierda. Y ¿qué quiere decir izquierda y derecha? Y ahí está el problema pues la connotación popular de esa nomenclatura es que izquierda representaría los intereses de la mayoría, en tanto que la derecha por el contrario representa el interés de las minorías o sea de los ricos frente a los derechos de los pobres. Ante esa falaz dicotomía, la demagogia priva sobre los derechos, y ésta constituye de por sí un valor en el que se asienta al populismo.

El problema más profundo pues no es la alternativa política entre ricos y pobres, sino el dilema de los universales. A partir de la definición de los mismos se determina la ética social en que se sustentan los diferentes sistemas políticos. No obstante esta problemática aparece como esotérica ante el común de la gente, y no sabe cuánto su vida depende de la respuesta a la misma. Esta discusión que aparenta ser semántica implica la definición misma de la naturaleza. Debo recordar entonces que el realismo frente al nominalismo de los universales fue planteado originalmente por los griegos.

Ya en el Meno Sócrates postula que antes de discutir el común denominador de las virtudes es necesario saber que es la virtud. Pero yo no pretendo en este caso discutir la moral sino la problemática que entraña la relación entre los universales y los particulares. En ese sentido es interesante destacar la diferencia trascendente entre existencia y ser. De conformidad con Bertrand Russel: “existencia implica locación definitiva en tiempo y espacio ¨. Y así da el ejemplo de que los pensamientos, los sentimientos, la mente y los objetos físicos existen, los universales no existen.

La anterior observación me parece sumamente interesante a los efectos de la discusión que nos ocupa. Más allá de que no coincidimos con algunas conclusiones de Russell, es importante reconocer que la palabra idea, ha conducido a muchas confusiones, y particularmente en el caso de Platón, cuando este las define como los arquetipos, realmente estaba refiriéndose a los universales. Por tanto igualmente si no coincidimos con el concepto de sustancia aristotélica si compartimos su criterio respecto al error platónico de considerar a los universales independientemente de los particulares.

Si bien es cierto que nuestro conocimiento avanza a través de abstracciones generalizadoras no es menos cierto que el conocimiento es contingente y por tanto es una aberración confundirlo con “verdad” por más que la realidad existe objetivamente. Debo recordar las palabras de Tocqueville al respecto: “Las ideas generales en nada atestiguan la fuerza de la inteligencia humana, más bien su insuficiencia, porque no hay seres exactamente iguales en la naturaleza, no hay hechos idénticos...”. Y en forma un tanto jocosa Taine dice: “Nada más peligroso que una idea general en cerebros estrechos y vacíos... Fatalmente y bajo la presión de las circunstancias, nacerán ya consecuencias anárquicas, ya consecuencias políticas”.

A través de lo dicho anteriormente, nos vamos acercando al absolutismo de la razón que surgió del Iluminismo como supuesto antítesis del absolutismo de la fe. Y el problema tanto en un caso como en el otro es que de allí se pretende la existencia de esos absolutos universales por sobre la realidad de los particulares .En otras palabras, el hombre como concepto universal hace desaparecer la realidad del hombre particular. En esta circunstancia reside la antítesis, entre el colectivismo, sustentado en el realismo de los universales y el individualismo que toma lo particular tal como lo señala Russell, la única existencia verdadera, precisamente por que es si se quiere fugaz y perecedera. Lamentablemente la palabra individualismo, ha sido políticamente descalificada como expresión del egoísmo de algunos en contraposición de la “generosidad” de la mayoría. Pero ese mismo individualismo, se manifiesta en su peor expresión cuando cubierto con el manto sagrado de los “universales” se enquista en el poder político del Estado.

En una primera instancia histórica esa razón de ser, se sustentaba en el poder divino de los reyes. Fue John Locke quien en su Primer Tratado del Gobierno Civil desvirtuó esa posibilidad y en el Segundo podría decir que descubrió que el “rey estaba desnudo y así manifiesta que los reyes también eran hombres”. Esta expresión desvirtuaba las pretensiones de Hobbes quien en su Leviatán, había definido al Estado como el “Dios mortal” inspirado por el “Dios inmortal”. Pero llegó el Sr. Jean Jacques Rousseau, y después de descalificar la propia existencia, sosteniendo que las ciencias y las artes propiciaban la corrupción de las costumbres y de culpar a la propiedad privada como el origen de las desigualdades del hombre (comunismo simple y la tierra no es de nadie y los frutos son de todos) se inventó una nueva entelequia: la voluntad general a través de la soberanía indivisible e inalienable.

Con esta proposición surgió la soberanía del pueblo, que yo denominaría la transubstanciación del derecho divino de los reyes al derecho divino de los pueblos. Esa fue la substitución de Dios por la diosa Razón que dio origen al crimen de Occidente, la Revolución Francesa, y el devenir de los sistemas totalitarios que han asolado al mundo en nombre del pueblo (socialismo) y de la nación (nacionalismo). En el camino quedaba inerme el hombre de carne y hueso y conculcados sus derechos, descalificados como un individualismo egoísta contrario per se al interés general o bien común según se prefiera una u otra definición.

A esa concepción edificatoria del Estado contribuyó decisivamente Wilhem Hegel, por más que Fukuyama lo haya declarado republicano. Pero no en menor medida el genio el Konigsberg Emmanuel Kant. Fue Hegel quien dijera que “El Estado es la divina idea tal como se manifiesta sobre la tierra” y de allí surgieron las siguientes conclusiones: “El Estado es la realidad de la idea ética... así como este fin último tiene el más alto derecho frente a los individuos, cuyo deber supremo es el de ser miembro del Est Si  se confunde al Estado con la sociedad civil, y su determinación se pone en la seguridad y protección de la propiedad y la libertad personal, se hace del interés de los individuos como tales el fin último y en ese caso ser miembro del Estado cae dentro del capricho individual”

     En las expresiones anteriores nos encontramos con la mayor contradicción al principio lockeano del gobierno civil. Es decir el gobierno formado por hombres para la defensa y protección de los derechos individuales: la vida la libertad .la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Pero no es menos cierto que igualmente Kant en su “Teoría del Derecho” que formara parte de  “La Metafísica de la Moral” había abrevado en las fuentes Rousseaunianas de la soberanía” y escribió: “El poder legislativo puede solo pertenecer a la voluntad unida del pueblo. Como todo derecho emana de este poder, las leyes que promulga deben ser absolutamente incapaces de hacer una injusticia a alguien”. Como podemos ver, para Kant no hay derechos previos a la ley, sino que surgen de la voluntad soberana del pueblo, y al respecto dice: “Una ley que es tan sagrada que es prácticamente un crimen dudar de ella y suspender su efectividad”. Y continua diciendo: “Eso es lo que yo quiero decir cuando digo que toda la autoridad proviene de Dios; que no es una derivación histórica de la constitución civil, sino una idea expresada como un principio practico de la razón, que requiere que todo hombre obedezca a la autoridad legislativa en el poder cualquiera fuera su origen...De aquí sigue que soberano de un Estado solo tiene derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles”.

      Unos cien años después de Locke vuelve el derecho divino de los reyes a través de la razón, Y Hegel le da su mayor expresión a este logo teísmo, que se constituye en la base filosófica del nacionalismo y del culto a la guerra, frente a la concupiscencia de los intereses comerciales (sic). O sea de ahí surge la derecha fascista, tan anticapitalista como desde la otra vertiente de la razón lo fuera la izquierda marxista. Así Marx en sus “Escritos Filosóficos” pretende destruir la idea ética del Estaco, al que considera el instrumento de la burguesía para imponer la explotación y la alienación del hombre. Consecuentemente propone sustituir al Estado por la otra entelequia universal, la dictadura del proletariado. A través de Marx reaparece el Rousseau romántico en la escena y así se entrelazan el racionalismo y el romanticismo  para crear el totalitarismo de izquierda, sustentado en el pueblo. Y he dicho racional, por mas que Ludwig Von Misses considera al marxismo como contrario a la lógica, a la ciencia y al pensamiento (sic)

        Las anteriores reflexiones me parecen de la mayor importancia para intentar comprender al mundo en que vivimos, todavía imbuidos de la ética de los universales. Así priman el nacionalismo y el socialismo, y en función de ellos prevalecen los enfrentamientos, ya fuere promovidos por la fe (musulmán) o por la razón (FARC, ETA etc..).


III. EL RELATIVISMO HISTÓRICO Y LA ETICA


Decía Don Ramón de Campoamor en el Siglo de Oro de las letras españolas: “En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira; todo es según del color del cristal con que se mira”. Y los cristales de la historia universal, tal como se la viera en Occidente están plagados de rojo y negro, o sea entre el socialismo y el nacionalismo, donde confluyen el oscurantismo de la fe y lo que he denominado el oscurantismo de la razón.

En 1950 Karl Popper ya planteaba la ambivalencia de la historia universal y su contrapartida la ética desde donde se la observa. Así en su “History of Our Time; an Optimist View” discutía el aserto de Bertrand Russell al respecto de que nuestro desarrollo intelectual había superado nuestro desarrollo moral. Y dice Russell: “Nosotros nos hemos hecho muy inteligentes, demasiado inteligentes. Podemos hacer maravillosos aparatos, incluyendo televisores, rockets de alta velocidad y bombas atómicas o termonucleares si se prefiere. Pero no hemos logrado ese crecimiento y madurez moral y político que únicamente puede dirigir y controlar con seguridad los usos a los cuales ponemos nuestro tremendo poder intelectual. Por eso es que nos encontramos en peligro mortal”.

Popper sostiene en aquella época la tesis contraria y dice: “Nosotros somos buenos, tal vez un poco demasiado buenos, pero también somos algo estúpidos. Y esta mezcla de bondad y estupidez es la que yace en la raíz de nuestros problemas”. No vamos a entrar a analizar las razones por las cuales Popper consideraba no solo que esa es la realidad que enfrentamos, sino que además es una visión optimista de la situación que se enfrentaba en el mundo. Más importante al respecto es su apreciación respecto a la naturaleza misma de los problemas que no dependían de nuestra maldad moral, sino de nuestro a menudo mal dirigido entusiasmo moral. Y dice: Nuestras guerras son fundamentalmente guerras religiosas. Son guerras entre teorías que compiten sobre como establecer un mundo mejor. Y nuestro entusiasmo moral es a menudo mal dirigido, porque no nos damos cuenta de que nuestros principios morales, que seguramente son sobre simplificados, son a menudo difíciles de aplicar a la compleja situación humana y política a las cuales tenemos que aplicarlas”.

No obstante esta realidad, Popper igualmente al respecto de nuestro mundo llega a la conclusión siguiente: “A pesar de nuestros grandes y serios problemas, y a pesar del hecho de que la nuestra no es seguramente la mejor sociedad posible, yo sostengo que nuestro mundo libre es por mucho la mejor sociedad que haya existido en el transcurso de la historia de la humanidad”. Popper llega así a la misma conclusión que habíamos analizado anteriormente, y aun sostiene que ello no se debe a los resultados económicos: “sino por los valores que nos han llegado a través de la cristiandad de Grecia y de la Tierra Santa de Sócrates y de el Viejo y el Nuevo Testamento”. Y es respecto a este juicio que aflora nuestra discrepancia, pues evidentemente Kart Popper, no obstante sus críticas a Platón, Aristóteles, Hegel y Marx (La Sociedad Abierta y su Enemigos) pretende explicar la ética mundial en términos de la virtud de la Civilización Occidental. Y ese es nuestro desafío en esta investigación sobre la historia y la ética universal que decididamente no se limita a la amante de Zeus y sus derivados a través del May Flower, la Santa María, La Pinta y la Niña.

Como una prueba más de nuestro presupuesto respecto a que la actual situación del mundo no se explica por la ética de la Civilización Occidental, vamos a comenzar por trasmitir algunas consideraciones del análisis realizado al respecto por George Duby en su: “The Early Growth of the European Economy” (El Crecimiento Inicial de la Economía Europea). Cuenta el autor que en el siglo XIII la idea de la aristocracia, contraria a los villeros que lograban subir la escala social, era contraria a la virtud. La única riqueza aceptable era la tierra, y por tanto el comercio y el espíritu de lucro eran aborrecibles. En ese medio era decididamente imposible la creación de riqueza, pues eran previamente los preceptos morales del cristianismo los que lo impedían.

Al respecto dice Duby: “la educación recibida por Francisco de Asis, de su padre, un mercader, trescientos siglos con posterioridad, lo dirigió hacia la aventura militar, canto lírico, y generosidad ilimitada. Los comerciantes eran forzados insistentemente a dar limosna, con ambas manos, porque sabían que sus almas estaban en peligro” La iglesia continuó condenando las ganancias y le prohibían a los monasterios prestar. La iglesia estableció ante el rico el ideal de perfección: pobreza, renunciación de los bienes materiales, y el desprecio del dinero”.

Supuestamente en el idioma tradicional Duby dice: “La subordinación de lo económico era total, y aplicable para el tiempo venidero”. Acorde con nuestro presupuesto, esa no era la economía frente a la ética, sino una concepción ética en particular que descalificaba al comercio y por consiguiente su alternativa era la guerra y la pobreza de la comunidad. Como ya veremos esa ética anti comercio fue seguida mucho tiempo después por Kant, en nombre del deber, y por supuesto por Hegel que en lo que he denominado logo teísmo que incorporó la deidad al imperativo categórico.

Decididamente la ética prevaleciente tal como lo describe Duby era la “Caballería” y así la describe: “Todavía raro permanecían aquellos para los cuales la moneda representaba solo una unidad de cuenta, para ser empleada en circunstancias excepcionales, casi anormales y en cualquier caso tangencial a la realidad económica. Uno de los más tenaces obstáculos al desarrollo yacía en la tenaz resistencia de ciertas actitudes mentales y de los modelos culturales que los reforzaban. El más sólido y fascinante de esto que había sido construido para servir la orden dominante de la sociedad feudal-la caballería”. Ella ejemplificaba la única apariencia que merecía la característica de forma de comportamiento del hombre perfecto con respecto a la riqueza: no producir sino destruir; vivir en forma señorial de la tenencia de la tierra y de la autoridad sobre la gente, la única forma de ingreso que no se considera innoble”.

Creo que no debiera de haber duda de que esa ética que decididamente partía de los valores cristianos y griegos (El trabajo era para los esclavos conforme a Platón y Aristóteles) no pueden explicar la evolución alcanzada en los últimos doscientos años, que partió justamente de una conceptualización ética diametralmente opuesta. Y más aun esa ética que cambió al mundo, se contrapone igualmente con la que surgiera del iluminismo al que he denominado el “oscurantismo de la razón”.


IV. LA MORAL EN EL DEVENIR HISTÓRICO DE OCCIDENTE


Es evidente que la visión del mundo moderno, o si se quiere de la era tecnológica o de la tercera ola, está profundamente afectada por Jorge Manrique. Efectivamente aquellas coplas de pie quebrado que empezaban: “Despierte el alma dormida, avive el seso y recuerde, contemplando como se pasa la vida, como se viene la muerte tan callando, como después de acordado da dolor, como a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Todas las amarguras del presente aparecen enmarcadas en un recuerdo de un mundo infinitamente mejor o cuasi áureo frente al desasosiego del presente y la incertidumbre del futuro. Pero lo peor de esta desolación “campos de soledad mustio collado que fuera otrora Itálica fermosa”, es la confusión que reina frente al análisis de los mismos hechos y por supuesto la ignorancia sobre la verdadera historia de la realidad y en particular de este denominado y “valorado” mundo occidental.

No voy a referirme a estadísticas, pues ellas se encuentran por doquier y al respecto podría recomendar la lectura de un libro de Dinesh D’Souza, The Virtue of Prosperity (La virtud de la prosperidad). Podemos saber que la llamada prosperidad, o si se quiere el denominado crecimiento económico que yo prefiero denominar creación de riqueza, es un fenómeno reciente. Así nos lo demuestra indudablemente Simon Kutznetz. Pero más allá de las estadísticas, podríamos observar que la vida en el siglo XIX se parecía más a la de un romano que a la que “padecemos” en este mundo, abrumado por la informática y amenazado por el terrorismo.

Frente a las dificultades del mundo moderno, tenemos la información del padecimiento, en tanto que ignoramos lo que se sufriera en tiempos pasados donde la guerra, el hambre, las enfermedades y la muerte reinaban en cada hogar. No obstante la percepción de nuestro presente pretende encontrar las causas de nuestros males, que indudablemente los hay, en la pérdida de valores. Esa sola suposición a que el pasado era el reino de los valores, sería un mentís a la definición de la Iglesia de que vivíamos en un “valle de lágrimas” en la espera de alcanzar el Cielo en la otra vida.

Desde ese punto de vista, parecería que pretender mejorar la vida presente implicaría de hecho ignorar la bienaventuranza eterna. Ese sentimiento surgió desde otro ángulo a través del romanticismo de Jean Jacques Rousseau, que en su ensayo sobre “Si las Ciencias y las Artes habían conducido a la purificación de la moral” que le valió el premio de la Academia de Dijon, contestando que no, dijo: “Hemos visto a la virtud escapar tan pronto como la luz de las artes y la ciencia, se elevó por sobre nuestro horizonte y el mismo fenómeno ha sido observado en todo tiempo y lugar”.

Ante esta observación que parece estar vigente en nuestro medio de parte de los sectores conservadores, nos encontramos al mismo tiempo que parecería que la eliminación de la “pobreza” en el mundo es el objetivo moral por antonomasia. Y ¿qué otra forma hay de eliminar la pobreza que no sea la creación de riqueza que surge precisamente de la “luz de las ciencias y las artes?” Tecnología, ¿no? Por consiguiente, si la lógica de Aristóteles no me traiciona, y aun creo que hasta Hegel estaría de acuerdo, la eliminación de la pobreza significaría la destrucción moral de la sociedad y desde el punto de vista religioso, según la teoría del camello y la aguja, una mayor dificultad para entrar en el Reino de los Cielos. Pero avancemos un poco más y pensemos, la moral que surge de la imposibilidad de pecar, ¿es acaso una verdadera moral?

Y siguiendo este camino intelectual tenebroso de la ética, nos encontramos con la diferencia en las riquezas y el dictum de Marx de que en el denominado sistema capitalista los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Hasta Bernstein ya en 1899 se dio cuenta de que esta predicción no era cierta, pero he aquí que Jean Jacques Rousseau está de vuelta en el origen de las desigualdades del hombre. Y ¿cuál es ese origen? “La propiedad privada”, contesta el ginebrino, aun cuando en esa oportunidad no ganó el premio de la Academia, pero envenenó el pensamiento ético universal hasta nuestros días.

Igualmente, la historia muestra que la eliminación o reducción de la pobreza se ha producido a través de la creación de riqueza en aquellos países que respetan el derecho de propiedad privada. No obstante esta realidad, la izquierda insiste en el tema de que aumenta la diferencia entre ricos y pobres e ignora que ésta se agudiza donde la intervención del gobierno aumenta y crece la corrupción. Ya Adam Smith había dicho que el rico no tiene un estómago más grande que el pobre. Esta aparente obviedad tiene un significado profundo. Es decir, que la riqueza tiene de límite para producir satisfacción como tal la posibilidad de consumo. Por tanto, cuando se excede cierto nivel, la riqueza es sólo poder para crear más riqueza a través de la inversión que también incrementa las posibilidades de consumo de los otros.

Ahora bien, ¿de qué moral ancestral occidental estamos hablando? Si mal no recuerdo, la historia de Occidente comienza con Grecia y allí más que a los filósofos se conocía a los generales o, como decía Aristóteles, a los discóbolos. Así comenzamos con las Guerras Médicas, el paso de los Termópilas, y la victoria griega en Maratón y seguimos con las Guerras del Peloponeso en las que dos ciudades griegas se destrozaban entre ellas a partir del Edicto de Megara. Debemos recordar que Esparta fue el prolegómeno de Licurgo a Marx, y al Imperio Soviético, pero en aquella oportunidad venció el imperio del mal. Seguidamente la democracia griega que siguiera a los treinta tiranos hizo beber la cicuta a Sócrates. Con Filipo hizo irrupción su hijo Alejandro en Bucéfalo y la guerra creó el imperio macedónico, que fue seguido por la república Romana. Y otra vez las Guerras Púnicas y más tarde la Guerra de las Galias que terminara con “alea jacta est”, al paso del Rubicón, dieron fin a la República y apareció el imperio en la egregia figura de Julio César que, vencedor en Farsalia, terminó su vida por Casio y Brutus en los Idus de Marzo. Por supuesto, el incorruptible Catón no veía otra cosa que destruir a Cartago que era una sociedad comercial a pesar de Aníbal.

Siguió entonces César Augusto y los Césares entre los cuales se encontraban figuras “encomiables” como Nerón y Calígula. Finalmente el imperio ya dividido desaparecía en Occidente bajo el peso del estatismo de Dioclesiano y Constantino. Igualmente en ese período el circo romano daba la tónica de la civilización alcanzada y los cristianos daban pruebas del fanatismo expuesto hoy todavía por los musulmanes y se dejaban devorar por los leones cantando. Así los mártires se distinguieron de los fanáticos a la luz de la Roma de los Papas y los perseguidos pasaban a perseguidores al decir de Paul Johnson, y los bárbaros dejaban a los monasterios como salvaguardas del conocimiento que permaneció incólume por más de 13 siglos. Entre tanto, se destruyó la Biblioteca de Alejandría, pues el conocimiento se agotaba en la Biblia y los Evangelios. Así este período se definió por la guerra, las Cruzadas y las luchas con Bizancio hasta destruirla con la ayuda del Imperio Otomano. Ya en 1343 comenzaba la Guerra de los Cien Años entre Francia y Alemania.

En toda esa época la China superaba a Occidente y al decir de Montesquieu los cristianos eran los que más se mataban entre ellos mientras la Inquisición cercenaba la posibilidad de toda libertad de conciencia. Jordano Bruno fue quemado por pensar para evitarle las llamas del infierno y del otro lado del espectro la Reforma trajo a Calvino y Miguel Servet siguió un destino similar, por creer que la sangre circulaba. Igualmente los árabes alcanzaron una civilización superior a la cristiana y tanto que Aristóteles volvió a Europa a través de las traducciones de Averroes y Maimonides. Y no sólo eso, sino que sólo Carlos Martel lo pudo detener en Poitier, después de que dominaban España. En el Este los otomanos tomaron Bizancio.

Aun cuando se creía haber llegado al Renacimiento, no se sabe de qué, salvo del avance en la pintura y la escultura, Cromwell le cortaba la cabeza a Carlos I de Inglaterra, en aras del Parlamento que inmediatamente aboliera. En 1618 comenzaba la Guerra de los Treinta Años, supuestamente por cuestiones religiosas, mezcladas desde luego con la política, pues la deidad otorgaba la legitimidad al poder hasta que la Paz de Westfalia decidió que el poder imponía a la deidad.

Así se produjo el absolutismo político mientras las guerras seguían y la persecución religiosa era el pan nuestro de cada día. Llegamos entonces al mayor crimen de la historia: la Revolución Francesa, donde los jacobinos en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad guillotinaron proporcionalmente más franceses que sus sucesores, al decir de Lenín, los bolcheviques en 1917. Siguió entonces Napoleón y el imperio invadió cuanto país europeo le quedaba cerca. Finalmente, en las estepas, con la ayuda de su ex mariscal Bernadotte lo enviaron a Elba. De allí volvió y los cien días terminaron en Waterloo y el pequeño corso fue a parar a Santa Elena de donde no regresó. Pero volvieron las revoluciones y un nuevo imperio regido por el petit Bonaparte fue liquidado en 1871 por Bismark y Molke en Sedán y Francia padeció las comunas. Es decir, el retroceso jacobino embadurnado de marxismo. Ya antes el Canciller de Hierro había logrado unificar a Alemania bajo la égida prusiana, en el cumplimiento del incumplimiento de los tratados con dos guerras sucesivas a Dinamarca y Austria.

En el siglo XX, todavía no sabemos la razón, sufrimos la Primera Guerra Mundial, que finalmente terminó con la irrupción de los americanos por primera vez en Europa. Wilson abandonó París, mientras ingleses y franceses se dividían el ex Imperio Otomano y trazaban las fronteras del Medio Oriente, a su antojo al decir del propio Churchill. Llegamos así a la Segunda Guerra Mundial y por segunda vez Europa era salvada de los europeos por los americanos, mientras el imperio del mal permanecía detrás de los Urales y Stalin lograba el sueño de Pedro el Grande del camino al mar en la Europa Oriental. Si hubiese sido por la moral europea, el mundo habría sido nazi o comunista como resultado de la vertiente racionalista romántica del Iluminismo con Rousseau, Kant, Hegel, Fichte, Nietzche, Marx, Engels, etc. O sea las luminarias del Iluminismo continental que tanta oscuridad han traído a Occidente.

Entonces reconociendo esta historia, dejemos de añorar el pasado, y construyamos un futuro a partir de los principios iniciados en 1688 en Inglaterra, y cruzaron el Atlántico en la república americana que transformara la historia de la humanidad. Esos principios no son otros que la aceptación de la falibilidad humana, que los gobernantes también son humanos y que el objeto del gobierno no es otro que la justicia, que requiere la limitación del poder político. Así prevalece the rule of law (la regla jurídica) que significa la defensa de los derechos individuales: a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad en tanto que la religión queda en el corazón de los hombres como propusiera el propio cristianismo en dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.


V. LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL, GRECIA Y EL CRISTIANISMO


Es indudable que cuando se habla de Civilización Occidental, ella por si constituye un juicio de valor universal. Por consiguiente el corolario de esa aseveración tal como la considera el propio Samuel Huntington en su “The Clash of Civilizations” (EL Enfrentamiento de las Civilizaciones), implica que las demás no participan de la ética occidental.

Así se sostiene, tal como acaba de repetir el Sr. Sakozy, que esa civilización Occidental entraña la simbiosis ética y por tanto política de la filosofía griega y la cultura judeo-cristiana. Anteriormente hemos reconocido la validez de la tesis de Karl Popper respecto a que “nuestro mundo libre es el mejor que haya existido”. Ahora bien desde nuestro punto de vista Popper entra en contradicción consigo mismo cuando seguidamente sostiene que su criterio no depende de los éxitos económicos alcanzados sino que dice: “Yo tengo en mente los Standard y valores que han llegado a nosotros a través de la cristiandad de Grecia y de la Tierra Santa; de Sócrates del Antiguo y el Nuevo Testamento”.

Pero como se explica entonces que si los valores tienen al menos dos mil .años haya sido tan solo en los últimos años que aparentemente se logró ponerlos en práctica? Más aún, fue el propio Popper quien en “La Sociedad Abierta y sus Enemigos” publicada originalmente en 1943, hizo una crítica demoledora de Platón, Aristóteles, Hegel y Marx. ¿Son ellos o no parte preponderante de la Civilización Occidental y Cristiana?

La historia de Europa, incluida Inglaterra muestra un proceso muy distinto de la virtud política que pretende presentar. La historia de la cristiandad por siglos fue lamentable tal como lo refiere Paul Johnson en su obra “The History of Christianity”. Allí escribe un proceso que comienza en la parte segunda con un título no muy favorable “De Mártires a Inquisidores”.

No se puede negar que existen valores fundamentales en el cristianismo, tales como el concepto de la falibilidad del hombre., la tolerancia, la separación del Estado de la Iglesia, el concepto del mérito, y el reconocimiento de la propiedad privada. Lamentablemente los mismos fueron ignorados históricamente en Europa (o sea Occidente). Y mas aun fue desconocido el principio de “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” Las guerras constituyeron las historias europea y las guerras religiosas su carácter histórico. Sólo “La Guerra de los treinta Años” eliminó a casi la mitad de la población europea. Y esa guerra se libró precisamente unos cien años después de la Reforma. Sorpresivamente no fue una guerra contra los católicos contra los protestantes. Como se sabe los aliados eran: Francia, Inglaterra, Suecia, Dinamarca y las Provincias Unidas contra el Sacro Imperio Romano Germánico representado por el imperio de los Hapsburgo aliado con los príncipes católicos de Alemania. ¿Qué hizo el cristianismo y la filosofía helénica para evitar una guerra que devastó a Europa? En la paz de Westphalia que fue tan solo un interregno en las guerras europeas, se acordó que el príncipe decidía la religión de su pueblo. De libertad religiosa nada y seguía imperando el derecho divino de los reyes. O sea el absolutismo político.

¿En que sentido la Reforma pudo significar como pretende Max Weber un cambio en la actitud guerrera europea? Si bien puede decirse que siempre hubo comercio en el mundo, lo que se conoce por Capitalismo sólo comenzó en Inglaterra a partir de la Revolución Gloriosa de 1688. No puede olvidarse que Inglaterra fue protestante desde 1534 cuando Enrique VIII promulgó la Ley de Supremacía que designo al rey cabeza de la Iglesia de Inglaterra. En 1646 la revolución del Cronwell, que le costó la cabeza a Carlos I. Estuardo impuso el presbiterianismo pero lejos de cambiar las circunstancias, fue como dijera David Humes el período más opresivo llevado a cabo por los supuestos defensores de la libertad.

Por otra parte Alemania donde se iniciara la reforma en 1517 continuó siendo unos de los países mas atrasados de Europa hasta el siglo XIX. Es decir que de ninguna manera el protestantismo podría explicar el inicio del proceso capitalista. Como he insistido no fue un fenómeno económico sino ético y político, a partir del cual se reconocieron los derechos individuales y las limitaciones del poder político y finalmente la separación del estado de la Iglesia.

Lamentablemente la teoría de Weber al respecto de la influencia moral del protestantismo en el desarrollo del sistema capitalista, parece haber sido universalmente aceptada. No obstante, la misma no explicaría ni el proceso político argentino de 1853 hasta principios del siglo XX, ni tampoco el vuelco hacia marxismo a través del laborismo en Inglaterra con el triunfo de Attlee en 1945. O los laboristas que nacionalizaron los ferrocarriles y el carbón no eran protestantes.

En su “Reformation Europe” G.R. Elton hace algunas referencias significativas a la teoría de Weber que vale la pena destacar. Asi Elton cirta el pensamiento vago y a la ves descalificatorias de Weber y dice: “el sorpresivamente comenzó a partir de la noción de que el espíritu capitalista era contrario a la naturaleza humana; dejados asi mismo todos los hombres desearían lo suficiente para mantenerse en la condición en la que se encuentran”. Éste presupuesto lo refuta Elton: “Este concepto místico ha sido refutado no solamente por lo que conocemos de la historia de la humanidad sino también por la desesperante e idéntica protesta contra la avaricia y el interés propio que podemos leer del viejo Testamento en adelante”.

Elton sigue diciendo que Lutero explícitamente ataco a los Fuggers y Calvino si bien menos comprometido ciertamente desaprobaba el hacer ganancia como tal…..ninguno ofrecía método alguno para agrandar el ojo de la aguja para el uso de los ricos”. También se sabe que no era que Calvino aprobara la tasa de interés (usura) sino que fue obligado para su retorno a Ginebra que consintiera en 1545 que se podía cobrar una tasa de interés del 5 % en determinadas circunstancias

En La Reforma y la Posreforma protestaste, no hay ninguna aprobación de que hacer dinero satisfaga a Dios; la creencia de la doctrina del llamado” es ciertamente que los hombre no necesitan dejar el mundo para servir a Dios, pero seguramente no que deben seguir su tarea diaria en la sola búsqueda de ganancias. Tampoco es verdad que los padres de la reforma se especializaran en el progreso económico. Hasta que la guerra destruyo la prosperidad la Francia del siglo XVII estaba a la cabeza de Europa y no por los Hugonotes.”




VII. VALORES RELATIVOS


En los capítulos anteriores he reconocido los valores fundamentales del cristianismo. Pero la pregunta relevante es: ¿acaso las otras religiones del mundo han sido contrarias a esos valores? ¿Conocemos alguna religión que diga que hay que matar, que hay que robar, que no hay que respetar a los padres, o que hay que mentir? Tal vez el valor diferencial del cristianismo es el que se refiere a dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” Es decir, la separación del Estado del la Iglesia, y eso fue lo que no se hizo por siglos en Occidente, o sea Europa.

Fue sólo a partir de 1688, que en Inglaterra Locke cuestionó el derecho divino de los reyes, y se logró limitar las prerrogativas del rey. Ahora bien el rey seguía siendo el jefe de la Iglesia Anglicana, aunque a partir de ese momento histórico apareció por primera vez en la historia de Europa la tolerancia religiosa. En Francia Enrique IV de Borbón en 1598 había promulgado el Edicto de Nantes, por el cual se estableció la libertad religiosa en especial para los Hugonotes Con el terminaron las guerras religiosas (7) que habían incluido la matanza de San Bartolomé. Evidentemente este hecho muestra que el holocausto y los Gulags, criminales como fueron tenían sus antecedentes en Francia.

Podemos concluir entonces que por más que hayan existido los valores del cristianismo estos no impidieron las masacres religiosas que tuvieron lugar en Europa, empezando con las Cruzadas y la Inquisición (De la cual participaba .Inglaterra en nombre del anglicanismo a través de “The Court of the High Commissión”) las guerras religiosas en Francia y finalmente la Guerra de los Treinta Años a la cual nos hemos referido anteriormente.

¿Pueden estos antecedentes explicar el mundo moderno el cual valora Popper y que nosotros compartimos su criterio?. Pero entonces cuando analizamos las religiones no cristianas ¿Podemos decir que encontramos en ellos valores contra puestos que por definición determinarían crímenes horrendos en nombre de Shiva, Mahohman y Alá; Buda y Confucio? Al contestar esta pregunta hemos de dedicar este capítulo comenzando por la historia más antigua que es la China. Seguidamente analizaremos la ética de las otras religiones, como el Hinduismo y el Islam.


a) Religiones comparativas: La China, Confucionismo y Taoísmo


Para comenzar el análisis de los prosupuestos políticas, morales y religiosos de la China debo comenzar por citar a Will Durand, en su “Historia de la Civilización”. Allí en el libro primero “Nuestra Herencia Oriental” el capitulo dedicado a China dice: “Este pueblo escribió Diderot es superior a todos los otros asiáticos en antigüedad, intelecto, sabiduría, política, y en su gusto por la filosofía”. Seguidamente cita a Voltaire que escribió: “El cuerpo de este imperio ha existido por más de cuatro mil años, sin haber sufrido alguna alteración sensible en sus leyes, costumbres, o aun en la moda de su indumentaria….La organización de este imperio es en verdad el mejor que el mundo haya visto”.O sea que en el siglo XVIII Voltaire describía al Celeste Imperio como Popper describía nuestro mundo occidental en 1956. Y esta observación de Voltaire se hizo cuando todavía no había tenido lugar el crimen de la Revolución Francesa de 1789, pues murió diez años antes.

Seguidamente Will Durant, cita al Conde Kayserling en su obra: “El diario de Viajes de un filósofo (1928)” donde dice: “En conjunto el más perfecto tipo de humanidad como un fenómeno normal ha sido elaborado en la antigua China……China ha creado la cultura más elevada que haya sido conocida hasta ahora. La grandeza de China me impresiona más y más…..Los grandes hombres de este país se encuentran en un más elevado nivel de cultura que los nuestros……La supremacía de China en las formas es indudable en toda circunstancia…….El chino es a la vez el más profundo de todos los hombres”. Y por último señala que unánimemente los chinos consideraban a los habitantes de Europa como bárbaros”. Ese planteo era anterior a las dos guerras nucleares, el holocausto y el Gulag

Y evidentemente la China nunca fue más bárbara que cuando adoptara lo que Alberdi denominara la barbarie letrada del marxismo-leninismo. O sea la barbarie occidental, pues ni Marx ni Lenin eran chinos. Si bien Lenin puede ser considerado asiático su doctrina se basó en el marxismo occidental.

Will Durant nos informa en los siglos X y VI a.C. al igual que en Greca, en la China floreció un genio brillante en filosofía y literatura, que comenzó como una época de “iluminismo racionalista” (SIC). Aparentemente en la China compuesta de distintas razas algunas enfrentadas, habría dado una suerte de diversos procesos políticos, pero en todo caso igualmente el comprender representada “el camino (el TAO). Lao-Tse al distinguir entre la civilización y la naturaleza, al igual que Rosseau elegía por la segunda. Supuestamente el hombre natural creía la ley de Dios, y esta era corrompida por los intelectuales y las invenciones.

A partir del siglo V a.C. comenzó la influencia de Confucio, coetáneo con Sócrates desde nuestro punto de vista un eco del estoicismo. La doctrina de Confucio más que los proyectos políticos como tal es una ética del comportamiento que según su parecer comienza en la familia. Consecuentemente para Confucio, el arte del buen gobierno suponía la moral del gobierno. Al respecto escribió: “Cuando los hombres estén allí, el buen gobierno florece, pero cuando los hombres se han ido el buen gobierno decae y se extingue. Con hombres justos, el desarrollo del buen gobierno es tan rápido como el desarrollo de la vegetación en un suelo adecuado……Los hombres rectos se obtienen mediante el carácter personal del gobernante”.

¿Encontramos acaso en estos criterios algo diferente de lo que se supone pertenece a “La Civilización Occidental”? Pero para más abundamiento en su obra “El Gran Aprendizaje” escribió: “Los antiguos que deseaban ilustrar la virtud más alta a través del imperio primero ordenaban bien su propio estado. Deseando ordenar su estado primero regulaban su familia. Deseando regular sus familias primero se cultivaban a sí mismo. Deseando cultivarse a sí mismos primero rectificaban sus corazones. Deseando rectificar sus corazones, primero buscaban ser sinceros en sus pensamientos. Deseando ser sincero en sus pensamientos primero extendían hasta el límite sus conocimientos. Tal extensión del conocimiento yace en la investigación de las cosas”.

Igualmente Confucio tenía una noción de las virtudes del súper hombres que según Will Durand eran similares para Sócrates y para Cristo, que era la inteligencia, el coraje y buena voluntad, y el gran hombre sería una simbiosis de filósofos y santos, o sea el sabio. Y la frase siguiente nos recuerda igualmente al evangelio de la paja en el ojo ajeno y dice: “Lo que el hombre guarda en sí mismo: lo que el hombre pequeño busca en los otros” (SIC). Si bien la influencia de Confucio en la China fue decisiva después de su muerte, también en oposición a esta teoría moral utópica se presenta la posición dijéramos más realista de los Legalistas. Ese criterio escéptico supuestamente tomaba conciencia de la historia donde no había mucha experiencia respecto de la vigencia de esos principios idealistas. Sostenía entonces que no eran los hombres sino las leyes los que debían gobernar, y esas leyes debían ser impuestas por una aristocracia.

Igualmente en las China se produjo la confluencia entre la religión y la política. El Emperador era el hijo del cielo era asimismo la cabeza del culto y del patrimonio. Consecuentemente tenía el control de los hombres, y de los dioses y así como el mandato del cielo el gobernar el mundo. Este era el pensamiento de Moti o Mot-ze. Al igual que en Occidente la China presenció la discusión filosófico ética sobre la naturaleza humana, que en tanto para algunos como Hson-tze era el mal, como para Hobbes; para otros como Mencios era buena como lo creía Rousseau. Inclusive había en general un descreimiento sobre la virtud de los comerciantes de la cual participaba igualmente Confucio.

En términos de religión los chinos fueron más tolerantes que los occidentales. No fue otro que Voltaire, quien en sus “Oscúspulos” marcó una historia de una disputa entre el Capellán de una compañía Danesa, un sacerdote de Bavaria y un jesuita ante un mandarín a la misma mas tarde se unió un dominico. Concluyo entonces una pelea por la cual fueron llevados a la cárcel, y por disposición del mandarín estarían allí hasta que se pusieran de acuerdo. Según éste estarían allí de por vida pues no se pondrían de acuerdo.

Volviendo al Evangelio a través de Confucio, encontramos que estableció leyes morales tales como: “perdonar las injurias y no acordarse más que de los beneficios; a corregir las faltas de ayer; a reprimir nuestras pasiones y cultivar la amistad”. Y más interesante es el retruécano que hace al principio de no hacer a los otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros y así aconseja: “Trata a los demás como quisiéramos ser tratados”.

Según Will Durand, la industria floreció en la China como en ninguna otra parte del mundo con anterioridad al siglo XVIII en Europa. Las industrias básicas eran, la textil y la Seda. Aun antes de Cristo la industria había sido complementada con tiendas en los pueblos. También 300 años antes de Cristo existía un proletariado urbano y se habían creado guildas industriales. Las guildas cumplían la función de organizar la industria y evitaban la ingerencia del estado. Es cierto que también existía la esclavitud pero los esclavos eran una minoría. La esclavitud sin embargo no alcanzó nunca el nivel que tuvo en Grecia y Roma.

Mucho antes de que Francis Bacon destacarse la importancia del conocimiento y de las inversiones, la China había inventado la pólvora, pero esta sólo fue usada para la guerra a partir del año 1161 de nuestra era. También con mucha anterioridad habían inventado el compás y según la información provista por Will Durand fue cerca de mil años después de que Europa conoció el compás.

También conocieron la aguja magnética, e inventaron el papel la imprenta y la porcelana y fueron entre los primero en usar el carbón como combustible. Igualmente fueron grandes matemáticos y 152 años antes de Cristo conocían el algebra y la geometría así como las cantidades negativas calcularon el valor de…… e inventaron el sismógrafo 432 años antes de Cristo. Tuvieron avances en astronomía y calcularon los eclipses. Por último inventaron la imprenta pero no la pudieron usar por la complejidad de su idioma.

La medicina en China según Will Durand era una mezcla de sabiduría empírica y superstición popular y tuvieron médicos mucho antes de Hipócrates y usaban drogas medicinales. Debo rescatar una interesante Conclusión de Will Durand respecto de la religión la moral y la filosofía en China que dice en un capitulo titulado “Religión sin Iglesia” donde dice: “La sociedad china no fue construida sobre la ciencia, sino en una extraña mezcla de religión moral y filosofía. La historia no ha conocido un pueblo mas supersticioso y ninguno mas escéptico; no ha habido gente mas devota a la piedad y ninguno mas racionalista y secular; ninguna nación tan libre de dominación clerical y ninguno excepto los hindúes tan bendecidos y maldecidos por los Dioses.” Por ultimo no podemos dejar de reconocer que el momento mas bárbaro en la historia de la China se produjo cuando políticamente se aceptó y se implemento la filosofía Occidental franco Germánica del marxismo a través de Mao Tse Tung.


b) La India


La India que según Will Durant que comenzó en el 2900 a.C. ha tenido una continuidad histórica, que habría pasado de la barbarie, a la espiritualidad, a la filosofía y a la ciencia. A los efectos de nuestro estudio es necesario mostrar que en esa civilización podemos encontrar principios morales similares a los cristianos, con muchos siglos de antelación. Por ejemplo el Upanishads data de ocho siglos anteriores a Jesucristo y plantea la misma problemática occidental frente al misterio de la vida y del mundo. Asimismo descree de la razón y la limitación del intelecto de un cerebro falible para comprender la inmensidad del universo.

Desarrollan el concepto tal vez confuso del “Nirvara”, pero igualmente en principio era la pretensión de encontrar la felicidad en este mudo a través del desinterés particular; la unión del individuo con Dios y finalmente el cielo después de la muerte. Para Buda la religión era un principio ético y no metafísico y al mismo tiempo este mundo era lo que en el cristianismo se consideró un “valle de lágrimas”.

Podría decir que en el planteo religiosa la reunión de Dios y el Diablo estaba ya establecida entre Brahma, el dios creador y Shavia el dios destructor. Y tal como en Occidente los Brahmanes lograron el sumun en la escala social de las castas. Podría decir que si las castas se conocieron en la India éstas no existieron menos en Occidente sobretodo a partir del cristianismo. El sistema aristocrático amparado en el derecho divino de los reyes, el desprecio por el comercio y por las actividades manuales y finalmente el trabajo como esclavo no se diferenciaba grandemente de la estructura de castas del hinduismo.

Al mismo tiempo debe tenerse en cuanta que según cuenta la historia, las diferencias religiosas no provocaron en la India ni inquisición ni guerras, como se produjeron en la Cristiandad. Puedo recordar asimismo que leyendo ciertos pasajes del Upanishads podemos sentir el espíritu del Evangelio. Así dice: “En el principio todo fue Brahma uno e infinito. Él esta más allá del Norte y del Sur, del Este y el Oeste, y más allá de lo que esta arriba o abajo. Su infinitud esta en todas partes...El espíritu es supremo es inconmensurable, inaprensible, más allá de la concepción, más allá de la razón y del pensamiento…..Lo eterno en el hombre no puede morir… Cuando el gran verbo es conocido todas las esperanzas son satisfechas...En el alma viviente esta la semilla de la Infinitud….Cuando el alma toma la forma de un cuerpo, por ese mismo cuerpo el alma está limitada”.

El análisis anterior no pretende desvalorizar el cristianismo sino tan sólo destacar que históricamente los principios existieron, ante la angustia del hombre frente a la muerte y el sentido de la existencia. Pero evidentemente no fueron esos principios los que determinaron el mundo en que el que vivimos y por tanto insisto no se lo debemos a la feliz virtuosidad de la Civilización Occidental.


c) El Islam y Occidente


El análisis de otras culturas no podía olvidar al Islam, por más que hoy nos parezca el epítome del atraso y la barbarie. Más allá de que una parte del Islam está incorporado a la barbarie del entusiasmo y el fanatismo y consecuentemente al terrorismo internacional, no es menos cierto que en su oportunidad el Islam se adelantó a Europa, inclusive en tolerancia religiosa.

En primer lugar debe tenerse en cuenta que el Islam pretende ser la auténtica versión de la herencia judeo cristiana. Consecuentemente el corazón de su religión está en sus escrituras, adoración, teología y ética. Por supuesto la expresión “sólo Allah es Dios y Mahoma su profeta”, implica el desconocimiento de la naturaleza divina de Jesucristo. Pero esto no significa una ética sustancialmente diferente. Según Edgard J Jurys los otros elementos éticos del Islam reflejan las siguientes virtudes: generosidad, indulgencia, la hospitalidad, magnaminidad y paciencia.”.

En otras palabras, una vez más los conceptos éticos no se diferencian del cristianismo y es más según el autor citado, los pensadores musulmanes, recriminaban la Iglesia por su fracaso en evitar la recurrente epidemia de guerras y su incapacidad para superar los problemas raciales. Era evidente que el alma .de los musulmanes se encontraba abrumada por las guerras religiosas europeas.

Por supuesto el Islam enfrentó igualmente la problemática de la aparente inconsistencia entre el dominio de Dios sobre el mundo y la libertad y responsabilidad individual del hombre. O sea la misma problemática presentada en el cristianismo, que pretendió solucionarse por el denominado “libre albedrío”. El protestantismo por su parte adhirió a la predestinación. De igual manera se presentó en el Islam la problemática de las relaciones entre el Estado y la Religión. Debe reconocerse que allí antes de Locke surgió una creciente insatisfacción con la pretensión teocrática de la unidad de la ley, la religión y el gobierno.

Mil años después de Cristo la ciencia musulmana superaba a la europea en matemática, física, medicina e inclusive botánica. Particularmente descubrieron el algebra. Ya en 1081, los musulmanes desafiaban la teoría Ptoloméica y veían a la tierra como una esfera. Según cuenta Will Durand pudieron tener los principales médicos de Asia, África y Europa y se especializaron en oftalmología; se hacían operaciones de cataratas.

En economía al decir de Will Durand, estaban adelantados en agricultura y aun en industria. Conocieron los molinos de viento 200 años antes que los europeos y el cultivo de algodón fue comenzado en Europa por los árabes. Igualmente desarrollaron el comercio en Asia y África, tanto que según Durand el estado permitió la libertad de comercio y de industria. Por supuesto existía la esclavitud, pero los musulmanes no podían ser esclavos.

En filosofía el Islam incorporó la filosofía griega, y fue a través de ellos en España que fue reconocida en Europa. Europa tuvo que esperar al Renacimiento para reconocerla y como se sabe fue a través de las traducciones de Averroes y Maimónides que Santo Tomás conoció a Aristóteles. Pero en pleno Renacimiento Galileo fue condenado aunque no ejecutado por adherir a la teoría Copernicana del Universo. Igualmente se adelantaron en literatura.

Por último es de destacar como señala Will Durand: “Por cinco siglos desde el 700 al 1200. el Islam dirigió al mundo en poder, orden, extensión del gobierno, en refinamiento de las maneras, en standard de vida, en legislación humana, y tolerancia religiosa, en literatura, erudición, ciencia, medicina y filosofía. ..”. La influencia del Islam sobre la Cristiandad fue variada e inmensa. Del Islam la Europa Cristiana recibió alimentos, bebidas, drogas, medicamentos, armas, motivos de arte, artículos industriales y comerciales y técnicos, códigos, matemática…..”

Al respecto dice Edward J. Juergui: “Con esta medida inicial de ventaja, el Islam logró el apoyo de los árabes y de los conquistadores turcos que los llevaron hacia el Occidente, al Atlántico en España y hacia el Este en los confines de la China. Ese era el aspecto de el Islam medieval, cuando procedió a crear una grandiosa mezcla de razas y credos, de la cual surgió una rica cultura, única en los anales de la historia y en algunos aspectos de su contribución científica y filosófica presagiando el subsiguiente Renacimiento de Europa”. Según Will Durand la declinación del Islam se produjo como consecuencia de la invasión de los Mongoles. A ello se unió el fanatismo religioso y las antipatías raciales que frustraron cualquier defensa contra las Cruzadas.

He hecho este recuento histórico para mostrar una vez más que el surgimiento del mundo actual estuvo muy lejos de ser el resultado de la confluencia de la religión judeo cristiana y la filosofía griega. Trece siglos de atraso relativo europeo frente a otras culturas como la India, la China y la Islámica dan prueba más que suficiente para mostrar que hubo un cambio trascendente en la ética y la política, que si bien no contradice al cristianismo, de ninguna manera puede decirse que haya sido el producto de el, y mucho menos en Europa.

Por ello es mi criterio que el actual atraso relativo del Islam y así como de la China y de la India puede ser mas explicado por el Iluminismo que por sus respectivas éticas. Pero más aún, podría decir que el antagonismo con Occidente se basa mucho más en el resentimiento colectivo de haber sufrido el colonialismo y el desprecio y el maltrato europeo, que de sus fuentes ético-culturales. Hoy por hoy me atrevería a decir que el terrorismo musulmán si bien puede usar el fanatismo religioso, parte de las ideas de Marx y Lenin. O sea de las fuentes socialistas y nacionalistas surgidas del Iluminismo, que he llamado el oscurantismo de la razón y que son igualmente el paradigma del terrorismo occidental del cual América Latina está lejos de haberse liberado. Y más aun, la supuesta vuelta a la democracia en este continente, sigue plagada .del oscurantismo Iluminista europeo, que se sustenta en el supuesto antiimperialismo que tiene como enemigo a Estados Unidos y al capitalismo.




VIII. LOCKE, HUME Y ADAM SMITH

Introducción


Una vez más voy a entrar en las aguas procelosas del pensamiento. Así me voy a atrever a analizar a dos gigantes de la filosofía política que son John Locke y David Hume. A ellos debemos en gran medida el mundo en que vivimos. Y como dice Karl Popper no es el mejor de los mundos posibles, como sostenía ya Leibnitz contemporáneo de Locke, pero si el mejor que hemos conocido y este juicio lo emitía Popper hace 50 años, o sea en los años de la posguerra, cuando todavía Europa y Japón estaban intentando afanosamente recuperarse de los avatares de la guerra.

A través del pensamiento de estos dos filósofos, Inglaterra logró escapar tanto del pietismo como del romanticismo y del racionalismo. En otras palabras encontró el camino de la libertad a partir de la denominada Revolución Gloriosa de 1688. La historia de Inglaterra se convirtió en enseñanza para la humanidad, ya que demostró lo que David Hume sabiamente había expuesto respecto a que la civilización es un aprendizaje de la historia y la libertad un lujo de la sociedad civil.

El admitir ese proceso es quizás el mayor hallazgo del pensamiento pues a partir de ese presupuesto es posible alcanzar el estadio de la civilización, sin estar predeterminado por la geografía ni por la cultura y ni aun por la religión. Desde mi punto de vista fueron las ideas de Locke que permitieron en un momento salir de la opresión y del atraso. Así comenzó el proceso de civilización que significa la limitación del poder político y el respeto a los derechos individuales.

Unos 50 años mas tarde David Hume abundó y precisó los principios de Locke, pero fundado en presupuestos diferentes. Fue basado en estos pensamientos que James Madison estableciera los principios liminares que construyeran los presupuestos de la Republica de los Estados Unidos de América.

Locke y Hume representan la respuesta Razonable al racionalismo surgido del Iluminismo, al mismo tiempo representaron la superación del romanticismo político que surgido de Rousseau envenenó el pensamiento alemán, a través de Kant y Hegel. Éste representó la fuente intelectual que contribuyó con el absoluto de la razón a definir las doctrinas totalitarias del nazismo, el fascismo y el comunismo.

No puedo menos que reconocer que Argentina recogió los anteriores principios a través de Alberdi que fueron incorporados en la constitución de 1853/60. El proceso político argentino a partir de entonces reconoció el éxito logrado por la implementación de los mismos. Así Argentina constituyó una muestra evidente de que el sistema basado en los anteriores principios no reconoce fronteras culturales, religiosas, étnicas o geográficas.


a) John Locke.


Nacido en 1632, en el medio de la guerra de los 30 años (1618-1648) que devastara a Europa en las luchas religiosas, puede considerarse el fundador del pensamiento liberal. Fue así mismo en palabras de Bertrand Russel, el apóstol de la revolución gloriosa en Inglaterra en 1688. Fue a partir de ese momento histórico que pudo publicar sus obras: “Ensayo sobre el Entendimiento Humano”; “La Carta sobre la Tolerancia” y “Los dos tratados sobre el gobierno civil”.

Locke partió del empirismo de Francis Bacon para desvirtuar la teoría de las ideas innatas que había prevalecido en la filosofía a partir de Platón. Es cierto igualmente que en razón de ese mismo presupuesto ha sido criticado por contradictorio. Tal contradicción surgiría de su presupuesto de la existencia a priori de los derechos individuales signados por la naturaleza.

Los principios fundamentales de Locke comenzaron con su definición del estado de naturaleza. En contraposición al pensamiento de Thomas Hobbes sostuvo que el estado de naturaleza se opone al estado de Guerra. Así la diferencia con la sociedad civil, reside en la ausencia de un juez independiente y que defina los derechos como tales: Derechos naturales y derechos individuales para Locke se definen de igual manera y son la vida, la libertad y la propiedad. En sus términos estos son los derechos de propiedad en sentido amplio y la propiedad como tal la define como los bienes materiales (estate). Tales derechos por tanto serian anteriores a la creación del gobierno. Consiguientemente el rol fundamental de éste, es servir de juez para evitar que cada cual fuese juez en su propia causa. Y este seria el estadio de la sociedad civil que reconoce y no era la racionalidad de los derechos naturales. Es en esta conceptualización que se ha considerado que Locke se contradecía con su postulado respecto a la inexistencia de las ideas innatas.

Es posible que tal crítica sea válida en el orden de la lógica pero es necesario reconocer la importancia de la religión en su tiempo y que Locke era protestante. Fue en ese sentido que entiendo que pretendió la racionalidad de los derechos a partir de Dios y no de supuestas ideas innatas en la naturaleza humana como a la cual igualmente consideraba falible a la vez que inmodificable como tal. Es en este presupuesto que se basa la diferencia fundamental entre la corriente racionalista y la empirista en la filosofía política occidental.

Igualmente Locke defiende el derecho de propiedad en función de Dios y de la contribución del hombre a través del trabajo, que produce a su vez el crecimiento de la riqueza. Locke habría sido interpretado erróneamente por Bertrand Russel. Es un error considerar que Locke mediante su defensa del derecho de propiedad a través del trabajo haya propuesto un sistema contrario al capitalismo. Russel ignora que si bien Locke justifica originariamente la propiedad privada en función del trabajo, asimismo considera que es a partir de ella que se crean mas bienes que los que la naturaleza provee. Pero además sostiene que la invención del dinero y por supuesto del intercambio es lo que incentiva al hombre a producir más de lo que necesita.

Por otra parte el capitalismo que fuera la definición peyorativa al liberalismo (o sea al reconocimiento de los derechos individuales), no existía, sino que fue tan solo el resultado económico de la Revolución Gloriosa en 1688 en Inglaterra. Revolución que se llevó a cabo precisamente de conformidad con las ideas políticas de Locke que habían estado proscriptas con anterioridad a la misma. Pero la mayor contribución de Locke a la libertad parte precisamente de su concepción sobre la naturaleza del hombre y el derecho de este a la búsqueda a su propia felicidad. Así dice al respecto: “Qué es lo que mueve al deseo? Yo contesto, la felicidad y sólo eso.


La felicidad, en su mayor extensión, es el mayor placer que somos capaces de alcanzar.

La necesidad de perseguir la verdadera felicidad es el fundamento de toda libertad.

La preferencia del vicio a la virtud es un juicio equivocado”.


En las anteriores palabras reconocemos el principio ético por excelencia, o sea la eticidad de los intereses particulares, cuyo reconocimiento jurídico son los derechos individuales. Es importante señalar que este presupuesto trascendente de Locke, que igualmente fue reconocido en su famosa “Carta sobre la Tolerancia” ha sido el fundamento ético ineludible de la república liberal. Así en dicha obra Locke dice: “los intereses civiles, yo les llamo a la vida, la libertad, la salud y la indolencia del cuerpo y la posesión de las cosas externas”. Es indudable que lo que denomina indolencia del cuerpo (indolence of body) se refiere igualmente a la felicidad.

Este principio fundamental es necesario que no se confunda con el utilitarismo de Benham... supuestamente fundado en la felicidad. Tal utilitarismo pretende un conocimiento apriorístico, cuantitativo de la felicidad del conjunto y del cual se deriva el concepto del bien común. Tal presupuesto a priori no tiene por objeto limitar el poder político sino por lo contrario expandirlo.

Es entonces en función del anterior principio que Locke a diferencia de Hobbes, pretende la limitación del poder político, como una garantía de la libertad individual. Es por ello que en su “Primer Tratado sobre el Gobierno Civil” destruye la teoría del “derecho divino de los reyes” y así en el “Segundo” propone la restricción de las llamadas prerrogativas del rey precisamente, tomando conciencia de la naturaleza humana de los monarcas y dice: “Por tanto es evidente que la monarquía absoluta, que para algunos hombres es considerada como el único gobierno en el mundo, es de hecho inconsistente con la sociedad civil. Pero yo deseo que estos que hacen estas objeciones recuerden que los monarcas son solo hombres. Es como si los hombres al abandonar el estado de naturaleza, acordaran que todos ellos excepto uno deban estar bajo la restricción de la ley; pero que el debería retener toda la libertad del estado de naturaleza, aumentada con poder y hacerse licenciosa por impunidad. Esto es pensar que los hombres serían tan tontos que se cuidarían de evitar los daños que le puedan hacer los gatos y los zorros, pero estarían contentos y aún pensarían que es seguro el ser devorado por leones”.

Evidentemente de las anteriores consideraciones surge claramente la necesidad de la división de los poderes del Estado como el instrumento para limitar el poder político. En este sentido Locke consideró que el poder legislativo sería el de mayor importancia aún cuando no consideró la separación del poder judicial. Aparentemente según algunos autores, consideraba al poder legislativo como el que cumpliría el rol de juez para evitar que los ciudadanos fuesen jueces en sus propias causas. Igualmente separó el poder ejecutivo que supuestamente estaría limitado en su prerrogativa por el poder legislativo, y lo que denominó el poder federativo. Este último se refiere a las relaciones internacionales, y en este aspecto suponía, que como en ese ámbito no había antecedentes, el soberano tenia que tener todo el poder de decisión en pro de la defensa nacional.

Otra aparente contradicción de Locke se refiere al origen del poder que considera debe ser el de las mayorías y al mismo tiempo supuestamente niega al poder para rebelarse a la autoridad. Así parte del criterio del contexto social y dice: “ Y así cada hombre al consentir con otros un cuerpo político bajo el gobierno, se coloca a si mismo bajo la obligación a cada una de esa sociedad el someterse a la determinación de la mayoría...”

Si bien es posiblemente cierto que Locke no resuelve definitivamente toda la problemática que presenta la definición del gobierno, no es menos cierto que establece algunos principios generales que determinan la posibilidad de proteger los derechos individuales de la arbitrariedad del poder político. En ese sentido refiriéndose al poder legislativo dice: “Si bien la legislatura, sea establecida en uno o más, bien sea permanente o a intervalos, sin embargo, no es, ni es posible que sea absolutamente arbitraria sobre la vida y la fortuna de la gente”. En tal respecto establece un principio general conforme al cual “sin ley no hay libertad”.

Por último pero no menos importante debemos referirnos a su famosa “Carta sobre la Tolerancia”. Es posible que hoy los principios que ella establece puedan considerarse pueriles tanto como el supuesto derecho divino de los reyes. Ahora bien es necesario recordar que entre 1618 y 1648 Europa fue casi destruida por la “Guerra de los Treinta años” y en la paz de Westfalia se acordó que el príncipe tenia el derecho de imponer la religión a sus súbditos. En Inglaterra de aquel tiempo igualmente los problemas políticos se dirimían .en términos de religión. No sólo entre católicos y Anglicanos, sino con otras sectas protestantes que determinaron la huida del Mayflower, así como la revolución de Cromwell que le costara la cabeza a Carlos I.

Los principios establecidos en dicha Carte, han sido liminares para colocar a la religión en el ámbito que le corresponde, y evitar inmiscuirla en la política. La religión es el ámbito de la conciencia y corresponde a creencias que por definición tienen carácter absoluto. La política por lo contrario e igualmente por definición está en el ámbito de la razón que es contingente y de la admisión de estos principios depende la libertad. Pero veamos que dice Locke al respecto: “Toda la vida y el poder de las verdadera religión consiste en la completa persuasión interna de la mente, y la fe no es fe sin creer. La tolerancia de aquellos que difieren de otros en materia de religión es tan agradable al Evangelio de Cristo, y a la genuina razón de la humanidad, que parece monstruoso que los hombres sean tan ciegos, como para no percibir la necesidad y la ventaja de una luz tan clara. El cuidado de las almas no puede pertenecer al magistrado civil, porque su poder solo reside en la fuerza externa. Yo no puedo ser salvado por una religión que yo descreo por una adoración que aborrezco. El Gobierno Civil no le puede dar ningún derecho a la Iglesia, ni la Iglesia al Gobierno Civil, Toda Iglesia es ortodoxa respecto a si misma.

En las anteriores palabras encontramos, tal vez los principios fundamentales que determinan la necesaria separación del Estado de la Iglesia, y el respeto de todas las creencias para evitar el fanatismo religioso. Pero Locke igualmente fue fiel a la tolerancia respecto a la razón apartándose así del fanatismo racional que derivara del Iluminismo y que determinara las doctrinas totalitarias que he denominado fanatismo racional. Y de este aspecto escribió en su “Tratado sobre el Entendimiento Humano”: “Dios no ha sido tan descuidado con los hombres como para hacerlos criaturas de dos patas, y dejar para Aristóteles el hacerlas racionales”.


b) David Hume


David Hume nació en Glasgow en 1711, o sea 23 años después que hubiera tenido lugar la Revolución Gloriosa en Inglaterra. En 1737 a los 26 años de edad escribió el “tratado sobre la Naturaleza Humana” que fue publicado entre 1739-40 en tres volúmenes, pero éste fue totalmente ignorado y desconocido por largo tiempo. En 1741 publicó los “Ensayos Morales y Poolíticos con gran éxito y entre 1753 y 1761 completó su “Historia de Inglaterra” cuyas conclusiones abominaban de la historia oficial Whig también escribió “Historia Natural de la Religión” y los “Diálogos concernientes a la Religión Natural”,pero estos últimos fueron publicados después de su muerte por recomendación de su amigo Adam Smith.


Ciencia y conocimiento


Podemos ver que Hume en sus escritos abordó todos los temas concernientes a los naturales, que provocó que en muchos hubiera sido ignorado aún por sus seguidores intelectuales. Así en mucho Hume alcanzó conclusiones similares a las de Locke pero partiendo de que principios diferentes y en algunos casos opuestos. Hume encabeza su Tratado sobre la Naturaleza Humana, con una proposición trascendente que a mi juicio constituye el Divotium aquarium de la filosofía política occidental, y dice: “NO hay un asunto de importancia, cuya decisión no esta comprometida en la ciencia del hombre; y no hay ninguna que puede ser decidida con alguna certeza, antes de que conozcamos esa ciencia”. De la anterior conclusión sigue la siguiente: “Y como la ciencia del hombre es el único fundamento sólido de las otras ciencias, por tanto la única fundamentalización sólida que le podemos dar a esta misma ciencia debe ser basada en la experiencia y la observación”. Y ya pasando al orden mismo de la política nos enseña: “El mejoramiento de la razón y la filosofía puede deberse totalmente a una tierra de tolerancia y de libertad”.

Partiendo pues de los anteriores principios Hume desenvuelve su pensamiento en función del escepticismo. En otras palabras al momento mismo que el denominado Iluminismo emponzoñaba al mundo a partir del absoluto de la razón y desembocara a través de la diosa razón en el crimen de la Revolución Francesa, Hume nos previene que: “solo somos salvados de una duda total, por los elementos no racionales de nuestra mente”. Es evidente que esta observación esta línea con el pensamiento de Locke respecto a la lógica aristotélica citado anteriormente.

El escepticismo de Hume no significa abjurar de toda posibilidad de conocimiento sino fundarlo en distintos presupuestos. En primer lugar sostiene que la posibilidad del conocimiento depende de nuestra mente, y es de ella de la que tenemos un menor conocimiento. Al respecto considera que todos los elementos de nuestro pensamiento son percepciones y que estos se dividen en impresiones e ideas. A su vez las impresiones se subdividen en dos subclases: impresiones de sensación e impresiones de reflexión, y estas últimas se deriva de nuestra idea. Al mismo tiempo señala que las impresiones de sensación surgen de causas desconocidas y el análisis de las mismas seria materia de la anatomía por tanto fuera de su ámbito.

No voy a detenerme más en la teoría del conocimiento de Hume, pero voy a señalar algunas de sus conclusiones que serían determinantes de su posición respecto a la moral y a la política. Así Hume considera que no existe más conocimiento que el que surge de la experiencia y de la observación. En consecuencia como no tenemos experiencia de muchas de nuestras creencias, es necesario conocer entonces el origen de nuestras creencias (beliefs). Por tanto “Podemos bien preguntarnos que causas nos inducen a creer en la existencia del cuerpo, pero es vano preguntarnos si existe o no el cuerpo. Al mismo tiempo Hume desconoce la causalidad como una posibilidad del pensamiento a priori, y por tanto considera que esta se encuentra en el hábito de conjunción. Y su respuesta respecto a nuestros belief la encuentra en la existencia de una facultad no racional de nuestra mente que denomina “imaginación”. Tal como señala John Biro “Esta distinción entre razón (una facultad reflexiva para hacer inferencias sobre la base de evidencia) y la imaginación (una facultad no reflexiva que naturalmente se mueve de la experiencia a la creencia) es fundamental respecto a la anatomía de la mente de Hume”. Hume igualmente distingue el conocimiento entre relaciones de ideas, y cuestiones de hecho, es éste último el que expande nuestro conocimiento de la realidad. Así puedo coincidir con Robert J. Rogelio en que el escepticismo de Hume es más un falibilismo entre el iluminismo de la razón y el oscurantismo de la Fe y que ha sido determinante en el aprendizaje de la civilización.


Moral y Justicia


Pasamos entonces a la problemática de la moral, respecto a lo cual Hume nos dice: “La moralidad es una materia que nos interesa por sobre todas las demás; nosotros imaginamos que la paz en la sociedad esta en riesgo en cada decisión que le concierne”. Igualmente en la concepción de la moral como una consecuencia de las pasiones, o sea de los sentimientos, y no de la razón, nos encontramos con lastra línea divisoria de la denominada filosofía occidental. Ya Aristóteles en su “Moral a nicomaco” había manifestado: “las distinciones que se hacen del juicio son los de verdadero o falso y no las de bueno o malo; estas últimas son aplicadas sobre todo a la intención, a la preferencia reflexiva…..Si tenemos tal o cual carácter es porque escogemos con intención el bien y el mal, no porque juzguemos o pensemos……Se alaba intención porque se dirige al objeto que debe, más bien porque sea recta, pero se alaba al juicio, sobre todo porque es verdadero”.

En sentido similar se pronunció Hume al referirse a la moral, que consideraba en el ámbito de los sentimientos y no de la razón y por tanto es intencional así dice en el “Tratado sobre la Naturaleza Humana”; Es evidente que cuando ponderamos alguna acción, sólo consideramos los motivos que la produjeron. La conducta externa no tiene mérito. Y sigue diciendo: “Dado que la moral, por tanto tiene influencia en nuestras acciones y afectos, de ello sigue, que no puede derivar de la razón” y con respecto a esta última casi repite las palabras del estagirita cuando dice: “La razón es el descubrimiento de la verdad o de la falsedad. Verdad o falsedad consiste en el acuerdo o desacuerdo bien fuere de las relaciones de idea o de existencia real o cuestiones de hecho”.

O sea Hume rompe con la dicotomía platónica del Phaedro, conforme a la cual las pasiones serían el caballo negro en tanto que la razón a parece como el caballo blanco, o sea la virtud que nos aparta del vicio. Esa dicotomía fue el origen de la ética racionalista en que se sustenta el totalitarismo. Por otra parte, no obstante que Hume apela al sentimiento, está muy lejos de aceptar el romanticismo rousseauniano, que de hecho significa la universalidad racional de sentimientos particulares. Así Hume establece que “En general se puede afirmar que no hay tal pasión en la mente humana como el amor a la humanidad, meramente como tal, independientemente de las cualidades personales, de servicio o de relaciones o nosotros mismos”.


c) Adam Smith


Otro representante de la ética que logró producir la transformación del mundo, que hoy llamamos modernidad y o globalización que impregnado del nirvana democrático, no entendemos su significado fue Adam Smith Indudablemente bajo la influencia de David Hume expresó un pensamiento moral, de trascendencia sin igual que lamentablemente ha sido interpretado en términos de una supuesta ciencia económica, independiente de la ética y la política. Debo reconocer que esta sensible crítica fue expresada por Therence Hutchinson cuando dijo: “El éxito logrado por Adam Smith con la publicación de –“La Riqueza de Las Naciones” tuvo un efecto no deseado que fuera que se pensara que existía una ciencia económica independiente de la ética y la política”

El pensamiento al que nos estamos refiriendo fue definicional en la controversia entre los principios rousseurianos sobre la contradicción per se entre los intereses privados y el interés general, y John Locke que estableciera el principio del derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad. Esta expresión no se encuentra expuesta en estos términos, pero en su Carta Sobre La Tolerancia Locke dice: “El Commonwealth me parece una sociedad de hombres constituida solamente para la procuración, preservación y el avance de sus propios derechos civiles. Derechos civiles yo llamo la vida, la libertad, la salud y la indolencia del cuerpo, y la posesión de las cosas externas, tales como el dinero, tierras, casas, muebles y similares”. De aquí podemos deducir que la función de la sociedad es la protección de los derechos individuales, lo que implica la aceptación moral de los intereses particulares. Es decir el criterio opuesto al de Rousseau y que ha sido determinante de la ética socialista a la que ya nos hemos referido, producto igualmente de la filosofía occidental.

A partir de ese principio Adam Smith descubrió o más bien expresó la clave de la creación de la riqueza y que la denominó “la mano invisible” y al respecto dijo: “Persiguiendo su propio interés el promueve el de la sociedad más efectivamente que si intenta realmente promoverlo. Yo nunca he conocido mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público” La frase anterior puede a parecer aun cínica pero en la misma se encuentra el reconocimiento de dos principios fundamentales. El primero el que la búsqueda del interés particular no solo no es contraria al interés general, sino que puede promoverlo, pues el éxito económico del comerciante reside en la mejor satisfacción del interés de sus clientes. Así se reconoce la virtud del comercio en el que ambas partes se benefician y cambio la ética histórica de la humanidad, tal como lo hemos descrito anteriormente.

Debemos recordar igualmente un postulado de David Hume cuando dijo que todo en el mundo se hace a partir del egoísmo, si es una virtud, por una virtud y si un vicio por un vicio (Sic). Y al respecto fue Ayn Rand quien escribió la virtud del egoísmo, pues es este el que moviliza el accionar de los hombres y mujeres. Pero la segunda parte del juicio de Adam Smith no es menos trascendente. El mismo implica el reconocimiento implícito de la hipocresía subyacente en la pretensión de actuar por el bien público, que en el fondo es la mistificación de otra forma de egoísmo que fuese la esencia de la historia universal. La búsqueda del poder político, como dijera Trasímaco usando el vocabulario de la moral convencional (SIC).

Es en función de la claridad de ese principio que Alaxander Hamilton en El Federalista dice: “Una peligrosa ambición muy a menudo subyace detrás de la máscara del celo por los derechos del pueblo….Y aquellos hombres que han destruido la libertad de la república, el mayor número ha comenzado su carrera, pagando una obsequiosa cortesía al pueblo, comenzando demagogos y terminando tiranos”.

El pensamiento de Smith al respecto de la virtud del interés privado es recogido en su ya famosa frase: “No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que esperamos nuestra comida, sino del cuidado de su propio interés”. La falacia prevaleciente es que al tiempo que se ha mostrado históricamente la conveniencia del comercio y este dejase de ser una actividad despreciable, el moralismo prevaleciente ha pretendido olvidar el egoísmo del interés político, al que le adjudica la virtud del altruismo.

Y la preocupación de Adam Smith pues por la libertad describe la naturaleza del despotismo y así dice: “En el progreso del despotismo la autoridad del poder ejecutivo absorbe la de todos los otros poderes del estado, y asume para sí la administración de todas las ramas de la renta que se destina a todo propósito público”. En esta observación se ve claramente el convencimiento de Smith del egoísmo del poder político, como pernicioso y que se esconde en la hipocresía del bien público. Y en ese mismo sentido se manifiesta cuando rescata la importancia de la separación del poder judicial del Ejecutivo. Al respecto dice: “Cuando el poder judicial está unido al poder ejecutivo es escasamente posible que la justicia no sea frecuentemente sacrificada a lo que es vulgarmente conocido como política”. Es obvio que en estas observaciones Adam Smith había aceptado por una parte el “hallazgo” de John Locke respecto a que los monarcas también son hombres” y así como el principio de Hume sobre que la naturaleza humana no se modifica (no hay hombres nuevos) y que si queremos modificar los comportamientos deberemos modificar las circunstancias. Es decir el sistema político jurídico conforme al cual se configura la razón de ser de la justicia.

En este sentido es propio señalar que Adam Smith al admitir éticamente los intereses particulares, no pretende en ningún momento suponer que la moral de los empresarios fuese superior a la de los políticos Es así que dice:”La gente de la misma rama del comercio pocas veces se reúne, para regocijo o diversión, sino que la conversación termina en una conspiración contra el publico o en algún artilugio para aumentar los precios”. Por ello igualmente señala:”En general si alguna rama del gobierno o cualquier división del trabajo es ventajosa para el publico, cuanto mas libre y mas general la competencia, siempre lo será”. Vemos entonces pues que en todo momento el sistema prevalece en el comportamiento. Para el gobierno la división de los poderes, para el comercio la libertad y la competencia.

No menos importante son las conclusiones de Smith al respecto de la separación del Estado de la Iglesia, y de la aceptación del principio de Locke expuesto en la Carta de la Tolerancia. Allí Locke estableció los tres principios siguientes: “1-Que toda Iglesia es ortodoxa respecto a sí misma, 2- Que todo Gobierno civil no le puede dar ningún nuevo derecho a la Iglesia, ni la Iglesia al Gobierno Civil. (O sea la negación del derecho divino de los reyes), y 3- Yo no puedo ser salvado por una Religión en la que no creo ni en un culto que aborrezco”.

Consecuentemente con los anteriores principios, Smith que a diferencia de Hume que era agnóstico, determina un principio si se quiere pragmático para guardar la libertad religiosa. Y al respecto dice: “El celo interesado de los maestros religiosos puede ser peligroso y problemático sólo cuando existe una sola secta tolerada en la sociedad, o cuando la totalidad de una sociedad grande está dividida entre dos o tres grandes sectas; los maestros de cada una actuando por acuerdo y bajo una disciplina regular y subordinación. Pero el celo ha de ser decididamente inocente cuando la sociedad dividida entre doscientos o trescientos, o tal vez entre miles de sectas pequeñas, las cuales ninguna de ellas puede ser suficientemente importante para disturbar la tranquilidad los maestros de cada una de estas pequeñas sectas, encontrándose casi solos, estarán obligados completamente a respetar a los de las otras sectas, y las concesiones que ellos mutuamente encuentran convenientes y agradables para hacer unos a otros, podrán probablemente en el tiempo reducir las doctrinas de la mayor parte de ellas a esa apura y racional religión, libre de esa mezcla de absurdo, impostura y fanatismo”.

Fue este principio recogido por Madison, y el mismo explica la evolución de la libertad que produjo el mal llamado Sistema Capitalista y no la pretensión de Max Weber de explicarlo en términos del protestantismo vs. El Catolicismo.



IX. POPPER Y LA SOCIEDAD ABIERTA


No debe caber duda de que si hay dos representantes por antonomasia de l