| La Catarsis y la política Armando Ribas, julio 2006. |
| La obvia decadencia
Argentina que parece regocija a Carlos Fuentes,
ha provocado una tendencia catárquica, diría nada
auspiciosa. Entre otras, el diccionario de la Academia dice:
“Catarsis: purificación ritual del hombre a quien se
considera impuro por haber transgredido algún precepto
religioso o moral”. No sé si nos ayuda tal definición,
pero sigamos. Desde mi punto de vista todo intento de catarsis
colectiva es falaz. No obstante que ella comienza con la primera
persona del plural (nosotros) en la subjetividad implica realmente la
tercera (ellos). La aparente humildad del reconocimiento de la
transgresión propia no es más que un lamento por la
transgresión de los otros.
Recientemente en Argentina esta catarsis colectiva toma caracteres intelectuales que descansan en la historia. Así, la culpa de las transgresiones ya no se agotan en los otros argentinos, sino que se remonta a los Reyes Católicos por más que admiremos al Cid. Hemos llegado a la conclusión de que si la Santa María se hubiera desviado hacia el Norte los seminoles, comanches y cheyenes habrían compartido el destino de los Incas y los Aztecas con los descendientes hispánicos. O sea, el fracaso histórico que aqueja al continente, hoy con la contribución del indigenismo a las ideologías racionalistas europeas, no hispánicas, del socialismo y el nacionalismo . La síntesis de esta visión histórica sociológica es: "Estamos como estamos porque somos lo que somos". Y a ésta se suma la visión de otro genio del pensamiento europeo, De Maestri: "Los pueblos tienen los gobiernos que se le parecen". Por qué no los que se merecen, que es lo mismo, pero expresado como un juicio de valor. La consecuencia de estos presupuestos es la aceptación implícita de un fatalismo histórico del cual no habría escape. Pero el mayor mentís a esta tendencia fatalista es la propia historia universal, por más que pretendamos verla en los términos románticos de Jorge Manrique: "Como a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor". Pero nuestro parecer cambiaría substancialmente si nos trasladaran a aquel tiempo mejor y pretendiéramos encender la luz apretando un botón. Si hacemos un recuento histórico, podríamos ver que el hombre vivió en este globo terráqueo por más de cinco mil años matándose los unos a los otros y su situación se modificó muy poco por no decir nada. Ni qué decir con la caída del Imperio Romano cuando la Edad Media destrozó los pocos adelantos que había logrado el Imperio, y la cristiandad seguía peleando entre ella para encontrar el mejor camino a Re Ligarse con la deidad. Pero ahí tenemos a Platón y Aristóteles cuyos escritos, compartámoslos o no, en el orden de la ética y la política muestran a cabalidad la permanencia de la naturaleza humana, y su perenne falibilidad. Ellos hablaban de los griegos. Pero la demagogia que hoy se vive en función del socialismo tiene caracteres similares a los expuestos por el estagirita. Voy entonces a citar un párrafo trascendente de La Política que dice: "Tan pronto como el pueblo se hace monarca, pretende actuar como tal y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido". Y con respecto a la propiedad seguía diciendo: "Lo importante no es nivelar las propiedades, sino nivelar las pasiones, y esta igualdad solo resulta de la educación establecida mediante buenas leyes". Platón, por su parte, que estaba en contra de la propiedad privada y a favor del estado omnipotente a través del Filósofo Rey, en sus diálogos nos informa de la demagogia moralista en las palabras de Trasímaco, que describe al hombre natural con las siguientes características: "Su carácter sociológico es simple; el quiere obtener lo que quiere, y lo que quiere está estrechamente circunscripto. Poder y placer son sus interese exclusivos... Su mascarada sólo puede llevarse a cabo poniendo el vocabulario de la moral convencional al servicio de sus propósitos privados. Debe decir en las cortes y en las asambleas lo que el pueblo quiere oír, de manera que pongan el poder en sus manos". Perdón por la longitud de estas citas, pero creo que ellas constituyen las máximas prístinas de la demagogia que no la inventaron los españoles, sino el cinismo moralista del socialismo, y que ha sido el carácter de todas las dictadura tal como bien lo señalara Karl Popper. Yo puedo coincidir con Ortega y Gasset cuando en su España Invertebrada nos dice:" España no podía dar a sus colonias lo que ella no tenia, cultura y civilización progresiva" Pero los grandes desastres ideológicos sufridos por la humanidad y que todavía la amenazan, más allá del islamismo fanático, provinieron fundamentalmente de Francia y Alemania y aun de la propia Inglaterra Es decir de los supuestos países de civilización progresiva y cultura al decir de Ortega. El camino de la libertad y el progreso que ella determina ha sido difícil y decididamente corto en la historia. A lo sumo trescientos años a partir de sus comienzos con la Revolución Gloriosa en Inglaterra. Así Simón Kuznets muestra que el crecimiento económico no puede haber comenzado antes de trescientos años. Y ese criterio curiosamente es compartido por Marx, que en el Manifiesto Comunista, publicado en 1848 decía respecto a su odiada burguesía que en solo cien años de dominio había creado más riquezas que todas las generaciones anteriores juntas. Lamentablemente nunca se enteró por que y por tanto propuso el sistema que habría de causar el resultado contrario. Es decir la pobreza a través del reparto de la Dictadura del Proletariado. Diríamos entonces que el crecimiento económico surge de la libertad y ésta conforme a Hume empieza en Inglaterra con la mencionada Revolución Gloriosa que el mundo desafortunadamente la conoce como la Revolución Industrial, cuando ésta fue sólo su consecuencia. La libertad surge de la noción lockeana de que los monarcas también son hombres . y dado que no existe el derecho divino de los reyes, es necesario limitar el poder político Y como, mal que nos pese tenemos la noción errónea de que los anglosajones tienen caracteres humanos propicios a la libertad, me voy a permitir repetir las palabras de Hume al respecto de ellos en la Inglaterra de Isabel I: "Los ingleses en aquella época estaban tan totalmente sometidos, que como los esclavos del Este , estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre ellos y a sus expensas". Fue por tanto esta noción de la falibilidad e inmutabilidad de la naturaleza humana la que más tarde produjera de este lado del Atlántico a los Estados unidos de América. Allí tal como señala Ira Glasser: "Los primeros americanos efectivamente inventaron una nueva forma de gobierno. Pero ellos hicieron algo más que eso; declararon un nuevo propósito del gobierno. Ese propósito era la protección de los derechos individuales. Ningún gobierno antes había sido creado con ese propósito". Pero es importante señalar que esto no lo hicieron porque tuvieran una raza y cultura superior, por anglosajones y protestantes, sino porque tuvieron en cuenta sus propias debilidades. La problemática política y ética planteada por Platón y Aristóteles fue la que tuvieron en cuenta los Founding Fathers para evitar la concentración de poder. Así dice Madison :" Si los hombres fueran ángeles no seria necesario el gobierno, y si fueran a ser gobernados por ángeles no sería necesario limitar su poder.." y Thomas Jefferson se pronuncia en sentido similar cuando dice: "Un despotismo electivo no fue por lo que luchamos". Puedo decir entonces que no son los pueblos los que generan los gobiernos que se les parecen, sino las clases dirigentes las que determinan los comportamientos de los pueblos. El problema argentino pues, no deriva de los Reyes Católicos ni de los vientos que impulsaron las carabelas, sino de la deserción de una clase dirigente intelectual que abominó en el siglo XX, del proyecto político más exitoso que había tenido lugar en el mundo en la segunda mitad del siglo XIX. Al igual que Estados Unidos, Argentina a partir de Caseros y la Constitución de 1853 dio un salto cuántico en la historia. Y estoy seguro que el millón de habitantes fanáticos y con un 80% de analfabetos se parecía mas al gobierno de Rosas que al proyecto alberdiano. Por consiguiente tampoco creo que fueran superiores al pueblo que tenemos hoy. Así como he insistido que el Milagro Argentino lo realizaron inicialmente Alberdi, Sarmiento, Mitre y Urquiza y lo siguiera la llamada generación del 80, con Roca y Pellegrini, la decadencia también tiene nombres y apellidos. El nacionalismo socialistoide que hace irrupción intelectual a partir de la década del treinta no provino de España por más que algunos se refirieran a la Madre Patria y Primo de Rivera. No, ese pensamiento totalitario fue el producto del Iluminismo y el racionalismo europeo. Fundamentalmente francés y alemán. Allí esta el pensamiento liminar de Rousseau, Kant Fitche Hegel, De Meaestri, Belloc et al Y no olvidemos la preponderancia de la encíclica Quadragesimo Anno, resultante del Concordato de Letrán con Mussolini, donde Pío XI desdecía todos los principios expuestos por León XIII en la Rerum Novarum. Los progenitores nacionales de ese pensamiento fascista también tienen nombre y apellido y no era el pueblo sino la inteligencia. Así se encargaron de descalificar éticamente al proyecto liberal que construyera a la Argentina: Manuel Galves, Leopoldo Lugones, El Bebe Goyeneche, los hermanos Irazustra, Sanchez Sorondo, Ricardo Rojas. Dada esa pléyade intelectual, no puede extrañar el advenimiento del fascismo precisamente en el momento en que perdía la guerra en Europa, y los europeos eran por segunda vez en el siglo salvados de los europeos por los americanos. El problema pendiente es que algo más tarde ese pensamiento se integro con el marxismo, a través de la teología de la liberación Es decir los supuestos antagonistas el fascismo y el marxismo se asociaron en este proceso decadente de Argentina, que nada tiene que ver con la herencia hispánica, por más que ahora en España Zapatero esté igualmente dándole marcha atrás al reloj de la historia. Así el peronismo y el antiperonísmo se entrelazaron intelectualmente en el socialismo nacionalista que detuviera a la Argentina en el tiempo y el espacio. Esa doctrina indudablemente influenciada por el antiyankismo ha hecho asimismo ignorar a Sarmiento y Alberdi, que habrían pasado a ser nombres de calles en disputa con Rosas. El resultado está a la vista y sufrimos por la ausencia de una oposición informada de la Constitución de 1853 y no de la transformada en socialista en 1994. La catarsis no sólo es falaz sino que no resuelve el problema.
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